©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

1.2. Principales organizaciones universitarias del medievo


Los inicios de la universidad se presentan a la consideración histórica, como un intento de superar, en lo posible, la fuerte tutela que la Iglesia ejercía frente a los asuntos de este mundo. No es de extrañar que la cuestiones relativas al Derecho fueran las primeras que impulsaron a una nueva modalidad del estudio y de la enseñanza. Baste hacer notar que la tutela de la Iglesia sobre los asuntos temporales es una figura jurídica y como tal podía y, para algunos involucrados en el problema, debía ser dilucidada en los términos del Derecho.

Las condiciones más propicias para el surgimiento de una nueva modalidad de abordar el estudio y la enseñanza estaban ubicadas en los bordes conflictivos establecidos entre los intereses contrapuestos de los principales actores de la época: Iglesia-Estado. A esta necesidad de la época había precedido un paciente acopio de materiales del ramo juridico. Era proverbial la cantidad de documentación que existía en la Bolonia del siglo XII en torno a cuestiones jurídicas. A ella acudían los interesados en la consulta de algunos documentos raros y preciosos, concernientes a comentarios sobre el Decreto de Graciano o sobre el Corpus Juris Civilis heredado de Roma.

Por ello, en Bolonia se concentraron estudiosos y especialistas que tuvieron como inquietud unir al Decreto, sobre el que se basaba el Derecho Canónico, algunos de los elementos del Derecho Civil. Esta inquietud no estaba muy de acuerdo con el espíritu de la época.

Las luchas del Emperador Federico I por defender su autonomía respecto al poder espiritual y temporal de la Iglesia le habían llevado a enfrentarse, incluso por las armas, al papado. No es pues extraño que el Emperador aliente a los estudiosos de Bolonia a que continúen sus esfuerzos, pues de ello dependía la posible dilucidación entre lo canónico y lo civil. Por tal motivo les dirige una carta fechada 1154 en la que, además de exhortarlos a continuar sus estudios del Derecho Civil, los reconoce como gremio, con las características y privilegios que ello implicaba, y eleva los privilegios gremiales, que él mismo enuncia, al nivel de Derecho Imperial. Con la carta Authentica Habita, dirigida a esa Congregación de Estudiantes, nace la primera universidad en el mundo occidental, conocida como Universitas Scholarium Bononiensis.

A partir del reconocimiento imperial de la Congregación de Estudiantes como un nuevo gremio, nacen congregaciones similares en otros núcleos urbanos. La siguiente en aparecer en el escenario de la historia nace de la fusión de la antigua Escuela Palatina de París con el Studium Generale de la Escuela Catedralicia de Notre Dame. De esta manera nace la Universitas Magistrorum Lutetiae Parisiorum. Esta nueva Congregación de Maestros recibió del papa Celestino III su primer documento de privilegios en 1174, ratificados por el rey Felipe Augusto el año 1200 y cuyos primeros estatutos fueron elaborados en 1215. La carta final de aprobación fue dada por el papa Gregorio IX en el año 1225 mediante la Bula Parens Scientiarum. Durante todo el siglo XIII la influencia teológica parisina fue contundente. En ella estudiaron muchísimas de las personalidades más autorizadas de la teología cristiana y fueron profesores los más prestigiados pensadores de la época, como Alberto Magno, Tomás de Aquino o el oxoniense Roger Bacon. En ese período contó también con autoridades reconocidas en las ciencias naturales, como es el caso de Oresme y Buridano, iniciadores de la teoría física del ímpetu.

Los dos modelos fundamentales con que aparece en la historia esta novedosa institución se ordenan en torno a estudiantes o maestros, es decir en torno a los agentes primordiales de este gremio, que en su momento debió causar no poco estupor. A partir de ambos modelos la práctica universitaria se va extendiendo poco a poco entre los principales reinos de la Europa medieval.

Oxford se funda en 1214 en la isla de la antigua Britannia romana; de esa fecha datan los privilegios oxonienses más antiguos de que se tenga noticia. En esa misma región isleña, por una disensión interna de algunos miembros poco antes del reconocimiento oficial de la primera universidad inglesa, se desprende una parte de su claustro profesoral y funda Cambridge que, como dato curioso, nunca recibirá privilegios. Pero su reconocido prestigio en cuanto a la calidad de sus estudios suplirá la ausencia del reconocimiento civil o eclesiástico. Oxford dejará sentir la fuerza de uno de sus Magnos Cancilleres, Roberto Grosseteste, e iniciará un movimiento de cultivo de las ciencias naturales que, tiempo más tarde, fecundará todo el pensamiento inglés y europeo.

En el suelo itálico en 1222 una separación de Bolonia origina la universidad de Padua, que se organiza como aquélla. De nueva cuenta se deja sentir la acción imperial, en la persona de Federico II, quien en 1224 funda la universidad de Salerno, actual universidad de Nápoles. Por voluntad del emperador esta universidad se especializó en medicina, y con ella quedó eclipsada la influencia educativa de la Escuela Monástica de Montecassino, que a esa fecha llevaba varios siglos funcionando.

En 1229, bajo el reinado de San Luis, un artículo del Tratado de París permite la fundación de la universidad de Tolosa, con el encargo de formar teólogos capaces de combatir la herejía de los cátaros que asolaba el mediodía de Francia. Siguiendo la huella de la de Salerno, en 1259 es fundada la Universidad de Montpellier, que como aquélla se dedica especialmente a la medicina.

La España Medieval, por su específico proceso histórico, había llegado un poco tarde al movimiento intelectual de las Escuelas Monásticas. Sin embargo, en el siglo XII se fundó la Escuela Catedralicia de Palencia, como Studium Generale similar al de París. El rey Alfonso IX traslada el Studium a Salarnanca en 1220, pero dado su funcionamiento esporádico debe ser vuelta a fundar como universidad por el rey Alfonso X el Sabio y el papa Alejandro IV, en 1254. Las ciudades portuguesas de Coimbra Lisboa pugnan por ser la sede de la primera universidad lusitana, que por fin se asienta en Coimbra en 1288.

La región propiamente germánica conté) desde el año 1240 con el Studium Generale de los dominicos de Colonia, que a instancias de Alberto Magno ejerció su impacto entre los interesados, como cualquier universidad de la época.

Los Concilios de Letrán de 1170 y 12,15 confirmaron la gratuidad de la enseñanza. Las universidades y la posibilidad de obtener una educación gratuita permitieron que muchos miembros de la sociedad medieval pudieran encontrar otros rumbos, diversos a los que ofrecían la iglesia o las armas. Aunque el cultivo de las letras y las artes había nacido bajo la sombra clerical y aún con las universidades algunas prácticas exigían ser clérigo, poco a poco se produce un deslinde, a la par que una apertura a saberes no necesariamente conectados con lo que se llamó, en esa misma época, el ministerio clerical, conocido con la fórmula consagrada a través del tiempo de, mester de clerecía.

El peregrinar de estudiantes, más parecido al errabundo caminar de pícaros y desheredados, disminuyó con el establecimiento de las universidades, pues muchos núcleos urbanos ofrecieron la posibilidad de asentarse a maestros y alumnos. De esta forma surgen en las ciudades los barrios de estudiantes, como antes habían existido los barrios de los diferentes artesanos. A este respecto, París nos ofrece una clara muestra; aunque ya no exista todo el entramado de servicios conectados con la antigua universidad, queda la denominación del barrio de los estudiantes que hablaban lenguas derivadas del latín.

Organizadas pues las universidades en torno a los estudiantes o a los maestros, muy pronto ofrecieron currícula académicos coherentes en varias ramas del saber. Los estudios estaban dispuestos en cuatro o cinco Facultades, en virtud de la facultad (permiso o privilegio) que había recibido la Congregación del papa o del rey, para impartir el saber a los aprendices y llevarlos hasta su pleno dominio. Esta facultad permitía a las universidades extender a los aprendices el certificado del dominio de un determinado saber.

Las facultades de enseñar y de certificar pasaron a ser instancias organizativas del trabajo académico, en virtud del saber que transmitían. Estaban divididas en dos grandes ramas:

Facultad menor y facultades mayores. En la Facultad Menor, o de Artes, se impartían Lógica, Matemáticas, Gramática y Música; quizás correspondiendo a una reminiscencia del trivium y el cuatrivium.

Facultades Mayores eran las de Medicina; Teología; Derecho Canónico y Civil.

Las inquietudes y el ansia intelectual que se manifiestan durante todo el siglo XII florecen en esta nueva manera de transmitir el saber y de canalizar el potencial de desenvolvimiento humano. La universidad brinda la oportunidad de congregar los más sabios maestros, los más inquietos estudiantes y los más ricos y preciados documentos. Los mismos estudiantes se constituyen en colectores y copistas de las mejores cátedras.

La universidad es concebida como institución donde se discute y se difunde el saber, consagrando formas de enseñanza y educación que dan oportunidad al estudiantado de escribir, leer, indagar, escuchar, discutir y discernir. Se puede afirmar con toda precisión que la universidad medieval está íntimamente relacionada con las principales vetas del pensar y del inquirir de la época. Responde a las más genuinas aspiraciones de una actitud abierta y aventurera frentc al saber, a pesar de que las principales fuentes de inspiración del pensamiento hayan sido la fe católica de la cristiandad y la creciente necesidad jurídica de dilucidación del poder temporal.

Las facultades de transmitir el conocimiento a los aprendices en este difícil arte, satisfacieron a plenitud las exigencias de ese tiempo. También abrieron una nueva vía de acceso a la compilación pública de escritos, que anteriormente sólo se encontraban en las bibliotecas monásticas. El patrimonio documental universitario es el primer acervo intelectual que se abre directamente a la consulta pública. Con ello el saber se pone en la ruta de la laicización, cuando por lo menos es sacado de los sacros recintos monacales a los que no tenía acceso la gente de manera normal por la interdicción de la Clausura.

En la primitiva universidad, el mismo método de exposición de las clases sentó un precedente extraordinario. Por primera ocasión nos encontramos con una regulación metodológica del aprendizaje, que tendía a agudizar las capacidades argumentativas de los estudiantes. Este método expositivo escolástico constaba de los siguientes elementos:

Lectio, era la lectura directa de algún texto perteneciente a las ramas cognoscitivas atendidas por la facultad. De ser posible se trataba de textos de autores de reconocido prestigio.

Qaestio, era la parte que introducía los interrogantes que el profesor pudiera haber elaborado en torno a la investigación del texto leído.

Disputatio, era la parte en la que se ponían en tela de juicio todas las posiciones de los autores que habían tratado el problema enunciado en la lectura.

Determinatio, era la resolución a la que había llegado la propia indagación del profesor en torno a la cuestión planteada por el texto leído.

Este método de enseñanza y exposición, férreamente implantado, fecunda la vida intelectual de las universidades medievales junto con cuestiones académicas expuestas y discutidas en ocasiones especiales, como son las llamadas Qaestiones Quodlibetales, es decir de quolibet ad voluntatem cuiuslibet, que consistían en poner a discusión cualquier cosa que quisiera discutir cualquiera de los presentes; o las Qaestiones Disputatae, que tenían lugar dos veces por año. En estas últimas se ponían a discusión pública las posiciones contrastantes de dos profesores sobre la resolución de una misma cuestión.

Todo lo mencionado en cuanto a la organización del trabajo intelectual de la universidad, unido a un currículum cada vez más consistente en las diversas facultades, hacen de la vida universitaria una auténtica organización gremial, que emprende la búsqueda de lo que aquella época consideraba el saber.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente