©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

2. Nuevas exigencias y formas en la organización universitaria


La estructura y la organización de las universidades medievales producían o intentaban producir sabios, maestros en el conocimiento existente en torno a las cuestiones más apremiantes de la época, como eran las teológicas, las jurídicas y, en algunos casos, las físicas y biológicas.

Ya al final del siglo XIII se nota cierta efervescencia intelectual y espiritual, que se manifestará con toda claridad en el siguiente. En el siglo XIV se empieza a imponer, de manera contundente una corriente de pensamiento que considera a las ciencias de la naturaleza como una etapa en el camino de la verdad. Esta corriente se origina en Oxford, que se comportará como un foco atractor para los más audaces pensadores, aunque su florecimiento sólo se puede observar mucho más tarde, en el siglo XVII.

A la observación paciente de los fenómenos naturales se une el desarrollo de un aparato matemático, cada vez más fino y potente. Sin embargo, la estructura universitaria se niega a modificar su práctica consagrada y, en varios sentidos, decadente. Frente a los espectaculares avances de la ciencia y del humanismo iniciados con el Renacimiento, la universidad todavía continúa con una metodología anquilosada, basada en el análisis de las grandes autoridades, reconocidas desde la época medieval.

Por ello, la suerte de la universidad se separa de los pensadores humanistas y científicos de vanguardia. Los hechos observados por la ciencia y los logros científicos en muchas ocasiones transitan fuera de la Cinta Muralia de la universidad. Ciertamente los avances científicos fueron llevados a cabo por ex-alumnos universitarios, pero que ya no forman parte del personal docente de la institución.

Durante el siglo XVII se reciente pues en forma muy clara una fractura en la universidad, un anquilosamiento totalmente contrario al movimiento que le diera origen. Con el avance científico se han multiplicado los saberes, sobre todo aquéllos que buscan una ceñida descripción de los hechos observados y los que pueden tener una aplicación inmediata. La institución universitaria, a pesar de haber surgido con la modalidad de las organizaciones gremiales de los artesanos, en todas las latitudes mantiene un fuerte sabor clerical. Durante dicho período, este énfasis la reduce a un cauce demasiado estrecho para el nuevo caudal que está fluyendo. En sus inicios mostró una enorme flexibilidad para acoger dentro de sí las inquietudes más disímbolas, como lo muestra el saber enciclopédico de muchos ilustres maestros medievales.

Ahora bien, no podemos perder de vista que ya en el Renacimiento soplan vientos contrarios al sentido comunitario medieval que permeó profundamente la organización universitaria. Con el Renacimiento ya resuenan los primeros acordes que anuncian el Solo que interpretará el individuo, el sujeto. Por ello el cauce, pensado para otro fin, resultó estrecho. La organización comunitaria de la Cristiandad exigía poner en común las interrogantes de los pensadores medievales, el proceso de indagación que seguían y los posibles resultados de su búsqueda.

El culto a las personalidades que inicia en la época renacentista, así como la influencia de la relación personificada e individual con la divinidad propugnada por la Reforma protestante, iban directamente en contra del sentido comunitario anterior.

Al alejamiento que tiene la universidad respecto de la vida social y científica contribuyó también en no poca medida la famosa "controversia sobre los Universales", que duró varios siglos y que en algunas regiones, como España, se prolongará durante gran parte del siglo XVI. Por ello, las comunidades universitarias de esa época permanecen aisladas de los nuevos interrogantes surgidos más allá de los campi. Se trata de viejos problemas humanos y físicos, que ahora son tratados en otros círculos con nuevos enfoques.

Es interesante constatar que fue durante el siglo XVII cuando surgieron las Sociedades Científicas, como la inglesa, o las Academias del mismo tenor, las cuales se configuraron siguiendo las normas y el modelo de la Royal Society.

Frente a estas nuevas exigencias de los tiempos, que se complicarán aún más durante el siglo XVIII, la universidad no ofreció en ese momento alternativas que canalizasen hacia su interior las nuevas tendencias y modalidades de hacer ciencia.

Ahora bien, una situación de tal índole no podía contener las inquietudes surgidas en las ciudades, donde las actividades económicas y comerciales tendían a adquirir una complejidad creciente. Las expectativas de la sociedad no podían permanecer sin respuesta, pero ello suponía un cambio y éste se presentó siguiendo dos rutas diferentes, las cuales contenían respuestas a diversos tipos de inquietudes.

2.1. El modelo francés de universidad moderna
2.2. El modelo alemán de universidad moderna

Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente