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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

2.1. El modelo francés de universidad moderna


Durante el siglo XVIII, a los cambios sociales se unieron las formas exacerbantes del absolutismo político, que en Francia condujeron a la franca rebeldía y a la Revolución. Ésta tendrá impacto en todos los órdenes de las manifestaciones sociales, incluso más allá de sus fronteras.

Pero no fue competencia de la Asamblea del Pueblo llevar a cabo esta enorme transformación, pues la misma complejidad de los intereses en juego lo impidió. El Estado Napoleónico fungió como forjador de una nueva organización universitaria, capaz de satisfacer los múltiples requerimientos que la sociedad imperial, entonces en expansión, planteaba a la educación.

La nueva organización tomó elementos del pasado, pero los reinterpretó a la luz de las nuevas circunstancias y les asignó nuevas tareas. El elemento fundamental que se introdujo fueron las profesiones, algunas de las cuales ya habían sido reconocidas y reguladas en su ejercicio desde hacía mucho tiempo.

En efecto, el mundo medieval reconoció que la práctica jurídica y la práctica médica tenían una fuerte incidencia en la sociedad, por esa razón su ejercicio fue objeto de regulaciones, algunas de ellas muy estrictas, aun cuando fueran consideradas liberales. En el medievo estuvieron sujetas a normas tanto académicas como gremiales y, en algunos casos, eclesiásticas y civiles. Ahora bien, a pesar de que el saber médico o jurídico se adquiriesen en la universidad, ésta no estaba definida por lo que el médico o el abogado requiriesen hacer para resolver casos clínicos o jurídicos en particular. La universidad medieval se caracteriza por transmitir la inquietud de búsqueda de sentido de la vida del ser humano a partir de lo que habían dicho los grandes maestros, incluyendo aspectos como el sentido de la norma jurídica o el sentido del cuerpo humano y de la salud.

En la época moderna, por el contrario, el acento se desplazó y la universidad se convirtió en la formadora de profesionales, dedicados a un saber hacer. (Se denominaron así, por la vieja costumbre de profesar, mediante una ceremonia especial al ser recibidos al interior de un gremio y dedicarse a un determinado saber, guardando los secretos de la Congregación.)

Para lograr este fin, la Universidad Napoleónica dividió las actividades universitarias. Las antiguas Facultades siguieron siendo instancias de administración curricular, integradas por Escuelas Profesionales encargadas de elaborar los currícula de cada profesión. Casi todas las Escuelas se denominaron según aquello que los estudiantes aprendían a hacer en su paso por ellas. Comenzaron a otorgar Licencias para ejercer legítimamente la profesión en la sociedad. Las Escuelas fueron atendidas por profesores, es decir, profesionales habilitados para enseñar, pero no necesariamente maestros (los antiguos Magistri), dedicados a la investigación y al cultivo del saber. Para agrupar a quienes quisieran dedicarse a las labores de investigación científica, se formaron nuevas estructuras, los Institutos, totalmente dedicados al estudio y a la investigación y sólo eventualmente a la docencia.

De esta forma se salvaron dos escollos que los tiempos modernos habían erigido contra la acción de la universidad medieval. Por un lado, la docencia impactó directamente a la sociedad y contribuyó a solucionar los problemas prácticos que a ésta se le presentaban, éste fue el sentido social de la enseñanza profesionalizante; por otro, se rescató para la universidad la actividad científica de investigación, a través de los institutos. Algunos de ellos, a través de la alta especialización, llegaron a constituir politécnicos y se dedicaron a formar expertos en algún campo específico de la práctica profesional. En estos casos, la ciencia pura quedó en manos de los institutos universitarios de investigación, mientras que la ciencia aplicada y la docencia técnica pasó a ser responsabilidad de los institutos tecnológicos.

Para completar el cuadro formativo y educativo, el modelo napoleónico hizo dos nuevas distinciones en las instituciones de enseñanza. Generó las Escuelas de Altos Estudios, las cuales para su ingreso requerían el haber cursado alguna carrera en las facultades universitarias. Creó también la Escuela Normal, para formar maestros especializados en la enseñanza media y media superior. Este nivel educativo, preparatorio para el ingreso a la universidad, fue confiado al Liceo. Con esta institución se sustituyó de manera oficial, estatal y laica, a las antiguas escuelas de jóvenes, que a partir de la Contrarreforma habían sido atendidas por congregaciones religiosas.

Posteriormente el Liceo francés, bajo el influjo del positivismo comtiano recibió la función de proporcionar una formación generalista a los jóvenes. En otras regiones de Europa, como en el caso de Italia, el Liceo adquirió dos rutas: el Clásico, para preparar a los alumnos que seguirían el cultivo de las letras y de las artes; y el Científico, para preparar a los jóvenes que deseasen cultivar las ciencias naturales o las ciencias exactas, así como las ingenierías.

Una reformulación tan profunda y completa de las estructuras universitarias llevada a cabo desde la cúpula del poder, no pudo menos que tener amplias repercusiones tanto en la vida intelectual en general como en la universitaria en particular.

Pasemos ahora a revisar la otra ruta que tomó la reformulación universitaria.


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