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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

4. Conclusiones


A mi juicio, puede resultar de mucha ayuda el análisis en perspectiva histórica de este fenómeno social tan particular y específico que aún hoy llamamos universidad.

La hemos visto nacer de las entretelas mismas del tejido social propio del medievo, la hemos visto también retraerse y aislarse de los profundos cambios del Renacimiento; por último, la vimos renacer y retomar su lugar de cuidado y amor por el estudio y la formación de las nuevas generaciones, bajo formas novedosas de organización y acción, como los cambios en las facultades, el nacimiento de las escuelas, los institutos y los departamentos.

No cabe duda de que la prevalencia de una racionalidad instrumental incidiendo en la concepción de sí misma es un enorme peligro para la universidad. Para resolverlo adecuadamente debe apelar a su propio acervo y de allí extraer los elementos que le permitan continuar su noble e insustituible labor, sin desvirtuar su especificidad.

A lo largo de este escrito, no he pretendido encontrar la solución a lo que en un inicio plantee como un trinomio de valores cambiantes. Centré mi atención en la expectativa que la sociedad y la familia pueden tener frente a la labor educativa de la universidad, contemplándola en la perspectiva fugaz y resumida de ochocientos años de una existencia rica y variada. Justamente al hacerlo no he podido menos de encontrarme con las paradojas que en algún momento enfrentó su existencia. La fuerza de tales paradojas me permitió delinear un poco el reto que ahora se le presenta a la labor universitaria, pretendiendo con ello colaborar a un renacimiento y fortalecimiento en la línea de su propio actuar.

De todo lo visto se podría extraer el ethos específico de una institución tan importante para el destino de la juventud. Pudiera ser que el punto de partida para un replanteamiento fructífero se ubique en el fomento de un cultivo y dedicación al conocimiento en sí mismo, un retorno a la inteligencia sin adjetivos, que permita el discernimiento esclarecedor y el juicio certero.

Quizás la retracción que el momento actual exige a las universidades sea más ética que política; más de autoconciencia del propio hacer, que de cambios en el hacer mismo; más reflexiva que activista; más formadora que informativa.

Puede ser que el mayor problema de la universidad actual sea fundamentalmente ético, en cualquiera de los casos es un reto y, como tal, es también una esperanza.


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