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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

4. Crisis


La maltrecha superioridad en realidad no ha sido afectada solamente por la aplicación de políticas de inspiración productivista. La puesta en marcha de éstas es también efecto de una crisis más profunda, que tiene que ver con transformaciones de la sociedad y la cultura. Sin olvidar el antecedente local de la desinversión en educación pública de los ochenta, que devaluó poderosamente el trabajo académico en estas instituciones, cortando de cuajo el brío expansivo e innovador de los sesenta y setenta.

Las transformaciones son muchas y muy complejas. Menciono sólo algunos de los planos.

La mayoría de los estudiosos del desarrollo histórico contemporáneo coinciden en destacar que el conocimiento científico aplicado a la innovación tecnológica, organizacional y comunicacional, ha devenido uno de los principales resortes del éxito en la competencia empresarial por los mercados. Esto, que podría considerarse como un logro mayor de los académicos productores y reproductores de ciencia, ha sido en todo caso una victoria pírrica. Dado el carácter estratégico de la posesión del valioso conocimiento, la producción de frontera en los temas que se suponen decisivos, ha ido siendo expropiado del mundo de las instituciones educativas. Se ha desarrollado un sistema paralelo, vinculado a las grandes organizaciones empresariales, que controla cada vez más el saber de punta.

Aunque este fenómeno está lejos de ser una realidad en nuestro país, opera como telón de fondo de las tendencias recientes de la educación superior. Se inscriben en ellas múltiples síntomas: desde la captación de cuadros académicos para desarrollar tareas ejecutivas ligadas al control de calidad en grandes empresas, hasta el desarrollo de un sistema de pagos a los investigadores que se opera desde el exterior de las instituciones universitarias, y que se ha ido estableciendo como el principal referente legitimador (alterando el arraigo a las propias instituciones).

En un informe reciente del Banco Mundial se sostiene que lo que aparece cada vez más como garantía formativa de un establecimiento educativo es el contar con una fuerte identidad y, consecuentemente, con una clara adhesión, sentimiento de pertenencia de sus miembros. La identidad no depende de manera determinante del sistema de enseñanza, sino más bien se vincula con el estilo de gestión pedagógica y del manejo de una imagen congruente entre la filosofía y la acción institucional. Cabe la anotación de que este nuevo soporte permite apreciar las delicadas consecuencias que acarrean a las instituciones los sistemas que favorecen el desarraigo de sus mejores cuadros. Pero tengo la impresión que en el nivel terciario esto expresa lo siguiente: ya que las universidades han dejado de ser "templos del saber" (los conocimientos más útiles no se producen allí, y el saber hoy se compra y se vende, no es algo sagrado que requiera recintos de adoración) lo que ahora ofrecen son principalmente mecanismos de inclusión en las redes simbólicas del prestigio y en las redes reales del poder. Seguramente las universidades cumplen desde sus orígenes con esta función inclusora, pero se disimulaba en la autosacralización. Sin embargo el nuevo mensaje no supone exclusivamente un salto desacralizador, sino quizás una resacralización afín a los actuales códigos de lo valioso; creo que todavía hay que esperar para ver efectos de mediano plazo, para poder calificar como "más racionales" a estas estéticas de la distinción.

En el territorio de la función docente del nivel superior se suscitan consecuentes mutaciones dentro de los marcos a los que nos venimos refiriendo. En los "templos del saber" los profesores profesantes del culto encarnaban el ideal al tiempo que desempeñaban funciones sacerdotales. Un rasgo típico de la antigua identidad, era que los mejores alumnos fuesen reclutados por las mismas cátedras para garantizar la continuidad del modelo. El éxito hoy se evalúa sobre todo desde los parámetros del que triunfa "fuera" del recinto académico. Los sistemas de "seguimiento de egresados" suponen una noción fuerte de "egreso" que requiere de la localización de los sujetos allende los claustros. Los profesores hoy no expresan entonces personalmente el perfil ideal perseguido, sino que lo esencial de su estatus se restringe al de funcionario institucional o agente de un programa (es preciso advertir que esta generalización se aplica de maneras disímbolas según la institución, la carrera y los individuos). El campo aplicativo se emplaza con nitidez en las distintas esferas del mundo del trabajo, que es hacia donde se dirige la preparación de los estudiantes. Los mecanismos de reproducción de los cuerpos académicos han abandonado el ámbito de la cátedra, pues de hecho ésta ya no existe (por consiguiente tampoco tiene sentido seguir hablando de "libertad de cátedra"), se ubican más en los ciclos del posgrado. Los titulares intervienen menos que los funcionarios académicoadministrativos en la selección del nuevo personal, incluso en algunas instituciones privadas operan departamentos impersonales para contratación del personal docente.

Se podría decir un tanto abruptamente que está en crisis el dispositivo académico (escuela de filosofía ubicada en jardines exteriores a la polis), en la medida en que crece la demanda de funcionalidad respecto a los mercados de trabajo y a que la producción de conocimientos se ha entrelazado con el sistema industrial o de servicios; que la filosofía ha dejado de ser la cúspide de la integración intelectual de la realidad y que hoy se cotiza más como productora de idearios institucionales que como elaboración de inteligencia crítica. Y el dispositivo docente también está en crisis en la medida en que el conocimiento que puede transmitirse en el aula se diferencia del que realmente opera en el trabajo real, que el currículum como oferta institucional prevalece sobre los cursos singulares, y que la coparticipación en una identidad institucional fuerte garantiza más la formación, que las diversas estrategias didácticas. Sin necesidad de introducir el inmenso tema del desarrollo de tecnologías de comunicación, instrucción y diseño que permiten vías alternas de acceso a conocimientos y al desarrollo de capacidades.


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