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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

5. Futuro


Entre los múltiples problemas que plantea Jacques Lesourne como "los desafíos del año 2000", elijo los que se sintetizan en el siguiente párrafo, que corresponden con los que veníamos abordando:

... Más importante, a fin cuentas, será la evolución de las formas de organización, con la búsqueda por las empresas, y tal vez por las administraciones, de personas con una doble característica: por una lado, comportamientos que se traduzcan en una aceptación de responsabilidades, la capacidad de trabajo grupal, autonomía y adaptación; por otro, conocimientos y aptitudes que les permitan ser verdaderos profesionales. En cuanto a los candidatos, no deberán olvidar que las mutaciones económicas y tecnológicas podrán liquidar en cualquier momento su profesíonalismo y que su real protección está dada por su capacidad de adaptación (Lesourne, p. 26-7).

Cabe señalar que el pronóstico que en términos generales plantea el trabajo de Lesourne y su equipo, es que Francia (se trata de un informe presentado en 1987 al gobierno de ese país), si pretende permanecer en la contienda por los mercados y ocupar un lugar protagónico en la Comunidad Europea, debe incrementar la capacidad de su población a través de la acción concertada de las agencias no-formales y de un revitalizado esfuerzo de todos los niveles escolares. Se deriva de esto una exhortación a la inversión en educación, lo que representa una perspectiva optimista respecto del mejoramiento del sector.

El fragmento seleccionado está extraído de una sección dedicada a la educación superior, nivel al que se la asignan formidables tareas.

Me interesa remarcar la tensión que constituye al nuevo perfil formativo que anticipa el autor: los futuros egresados de los estudios superiores deberán ser verdaderos profesionales, lo cual incluiría la preparación para adaptarse a las consecuencias de una liquidación eventual de sus profesiones. Ser profesional, responsable, capaz de trabajar en equipo, al mismo tiempo autónomo y adaptable. La tarea no es sencilla si se la quiere planificar racionalmente. Si se la deja librada al impacto de los funcionamientos efectivos de las transformaciones laborales, como sucede actualmente en muchas carreras, a la inercia del currículum oculto, pueden producir resultados en la dirección del pronóstico insólitamente: a través de cierta inclinación a la simulación que se ejerce en algunas instituciones del medio, se puede aprender a actuar como si se fuera un verdadero estudiante, lo cual se puede transferir a la capacidad de actuar como si se fuera un verdadero profesional; en ambos casos estaría claro que se puede dejar de serlo si varían las reglas del juego. Por supuesto que este tipo de transacciones informales también pueden producir resultados adversos: sujetos con gran capacidad de adaptación pero que no saben actuar como verdaderos profesionales.

Desarrollar un planteamiento sistemático para alcanzar intencionadamente ese perfil, no es en absoluto imposible, pero sí es complejo. Para que se perciba con más nitidez el tamaño del problema me remito a las modificaciones que implicaría en el ideario básico del discurso educativo. La clásica trilogía de finalidades formativas de la segunda mitad de nuestro siglo "aprender a ser, aprender a aprender y aprender a hacer" debería actualizarse con el nuevo complemento de "aprender a ser y dejar de ser; aprender y desaprender; hacer, deshacer, rehacer". En la práctica implicaría una preparación sólida para ejercer con cierta liviandad no cínica la posesión de saberes y capacidades especializadas. Indudablemente hay muchas estrategias ya experimentadas y otras imaginables. La más obvia consiste en aumentar la formación básica e instrumental, y en promover otras fuentes de estabilidad fuera de los asuntos profesionales: artes, deportes, funciones políticas y asociativas, etc. Todo esto tendría que contar con múltiples apoyos externos y la corroboración continua de que éstas son efectivamente las tendencias de los trabajos profesionales. Requeriría de cuerpos docentes a los que se estimule sustancialmente por su versatilidad más que por sus rígidas pautas de productividad, y muchas otras condiciones de las que sin duda ya hay buenos ejemplos.

Como se puede apreciar, mi formación pedagógica previa hace que tenga una mirada "crispada" sobre tales perspectivas. Siempre concebí la educación como esfuerzo de construcción de identidades coherentes, al menos en el papel. Se sabe que la coherencia no suele habitar en demasiados sujetos reales. Pero si ya veía con recelo el instrumentalista "aprender a aprender", el redoble futuro de "adaptarse a la adaptación" me genera sensaciones de vértigo. En las primeras páginas advertí acerca de la necesidad de un concepto normativo de educación. "Aprender a adaptarse a las distintas circunstancias que se presenten en la vida", es una definición que encontré en un documento de una asociación civil que trabaja en la formación de jóvenes con aptitudes de liderazgo, que exagera lo que Lesourne sugiere con pudor. La adaptación oficiaría de norma para las normas.


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