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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

6. Esperanzas


Para los profetas del futuro de la educación, la posibilidad de que se profundice el proceso de desacralización equivale a la esperanza: si su óptica apuesta a las bondades del progreso científico-técnico no hay más camino que una adaptación sin fricciones, lo cual sin duda requiere una superación del resabio unitario y trascendental que todavía se agita en el significado de la educación, aún en su versiones laicas. Por haber internalizado este fondo metafísico, me cuesta metabolizar que el desarrollo de la autonomía, por ejemplo (para no salirnos del pronóstico de Lesourne), se pueda subordinar a un cambio de condiciones externas. Es decir, que hay que preparar a los "adaptandos" para que actúen con autonomía mientras la tengan y que soporten alegremente el perderla si una mutación económica así lo demanda. El discurso clásico pretende preocuparse más por los sujetos que por los vaivenes del mercado. Pretendía un superyó fuerte, según lo hizo notar desde hace tiempo Habermas.

Hay que admitir que en nombre de la preocupación por el sujeto la inquisición educativa ha condenado a la hoguera a muchos, demasiados, educandos. También que a los que trabajamos en educación superior nos viene bien interrogarnos si lo que hacemos es educar y es superior respecto a otras educaciones. O que no nos viene tan mal que alguna vez insignes sociólogos nos hagan ver que los profesores actuales somos generacionalmente ineptos para adaptarnos (¿nosotros también?) a los cambios que "necesitan" nuestras instituciones. Pero frente a la realpolitik de ciertas tecnocracias que tienen la esperanza que se trituren las nostalgias, creo que podemos reclamar la nostalgia de las viejas esperanzas de que en ocasiones el mundo siga iluminándose por la crítica. Al supuesto pluralismo de la adaptación, hay que contraponerle el ya ajado pluralismo democrático que todavía caracteriza a muchas universidades que se enorgullecen de sus entrañas hechas de confrontaciones, polémicas, diálogos y pactos. Sintamos nostalgia de un futuro plural y tolerante.


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