©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

6. A manera de conclusión


A pesar de que el conjunto institucional estudiado como regla general muestra un proceso de reclutamiento homogeneizador fuertemente atraído por la simple lógica de atención a la demanda y muy poco atento a la generación de condiciones para el surgimiento, fortalecimiento y consolidación de grupos académicos diversos como organismos reguladores de la vida intelectual que la universidad implica, la historia advertible de la sección del cuerpo académico mexicano que hemos estudiado presenta rasgos y tendencias a la diversificación, con arreglo -al menos- a la variación en las opciones de vinculación con las actividades académicas y su relación con las diferentes afiliaciones disciplinarias.

Si en un contexto desfavorable a la consolidación de núcleos académicos y poco atento a su diversidad como elemento dinamizador de la vida académica se presentan claros rasgos de diferenciación, ¿ qué podría esperarse de una estrategia de reforma fuertemente anclada en la generación de ambientes institucionales para el surgimiento, consolidación y fortalecimiento de los grupos académicos? A mi entender, podríamos esperar el enriquecimiento de la diversidad y el subsecuente incremento de la energía intelectual que es característico de las universidades que valen la pena, que se relacionan inteligentemente con su entorno, que se afianzan en el valor del conocimiento y en el desarrollo de sus distintas modalidades.

Se trata de una propuesta de rumbo que implica una gran inversión. Inversión en el sentido de una asignación mayor de recursos sociales a las universidades, pero acompañada de una radical inversión de la concepción de universidad que ha sido predominante en nuestro país: implica pasar de la concepción de la universidad como agencia certificadora que descansa en entidades administrativas, a la de la universidad como empresa cultural que finca su potencia en la vitalidad y dinámica de sus núcleos académicos.

En ocasiones pienso que es más fácil obtener dinero -y vaya si el proyecto es caro- que lograr el cambio de concepción de la universidad que implica el rumbo que he propuesto. Me animo a compartirlo, pues me parece que el país requerirá debatir el futuro de sus universidades en esta etapa de reorganización de sus estructuras de gestión pública y orientación general de los valores que nos permitirán transitar al nuevo siglo.

A mi juicio, en todas sus modalidades institucionales, el actor ausente en la trama de la vida universitaria mexicana ha sido el académico. Razones estructurales y de conducción profunda lo hacen comprensible, pero no deseable para el futuro: en estos días es necesario asumir la ciudadanía de tiempo completo, y en el nivel de la educación superior esto significa, que los académicos no podemos seguir viendo el partido desde fuera del estadio: la cancha es nuestra, y es preciso jugar.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente