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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

5.2 Los ocupantes de los puestos


¿Quiénes ocuparon esos puestos, con qué características demográficas y académicas arribaron a la condición de profesores universitarios? En el estudio que comento, se hallaron los siguientes rasgos generales:

68% de los entrevistados es masculino y el restante 32%, femenino. Este dato de la distribución por género del cuerpo académico que se estudia es interesante y no era visible cuando el único referente de las consideraciones eran los puestos de trabajo. La proporción femenina se ubica casi en un tercio del total. Según la información más reciente, en la matrícula de licenciatura las mujeres están por alcanzar el 50%, después de varias décadas de incesante incremento.

Al momento de ocupar por primera vez en sus vidas un puesto de trabajo como profesores en el nivel de la licenciatura, la edad promedio era de 28 años. Con menos de 24 años, esto es, cuando aún pertenecían al grupo de edad censal correspondiente a los estudiantes de licenciatura, encontramos al 28%. Mientras que el 41 % se ubicaba en el rango entre los 24 y los 30 años: en síntesis, el 69% obtuvieron su primer contrato como docentes antes de iniciar la tercera década de sus vidas.

En ese momento, el 61% se encontraba soltero y el 43% todavía no tenía responsabilidades económicas con dependientes de sus ingresos. Los índices expuestos no registran una variación considerable si se desagregan por tipo de institución en la que iniciaron sus carreras académicas: universidades públicas, tecnológicos públicos e instituciones privadas.

Acerquémonos un poco a sus características académicas: en el momento del primer contrato, el 34.7% de los entrevistados no había culminado sus estudios de licenciatura, esto es, iniciaron sus labores docentes antes de terminar los estudios en el nivel en el que impartían clases. El 49.1 % contaba exclusivamente con el título de licenciatura, de lo que se sigue que, en números redondos, el 84% no poseía un grado superior al que impartía. Las proporciones de inicio de carreras académicas con maestría -4.7%-, doctorado -1.8%- y especialidad 4.6%- nos muestran que la habilitación como académicos operó con rangos bajos de exigencia en esta dimensión. [Nota 3] Las diferencias entre los diversos tipos de institución no son muy marcadas.

Si ya vimos una tendencia a reclutamientos tempranos en cuanto a la edad de la incorporación a la carrera académica, y un nivel de exigencia en cuanto a grados académicos concluidos que en proporción relevante -más de un tercio- no cubrió a la tenencia de la licenciatura, resulta lógico observar que el 60.9% de los colegas que integran el estudio al momento de iniciar sus trabajos como docente en la licenciatura, no tenía ninguna experiencia previa de docencia en otro nivel educativo, y que el 93.4% no había tenido con anterioridad ninguna experiencia como investigador.

Es sorprendente que un espacio laboral que recluta a sus integrantes fundamentalmente para realizar actividades docentes, no haya podido establecer una cierta cantidad de experiencia semejante como condición de contratación inicial.

Los primeros contratos fueron de carácter temporal en un 73%, alcanzando el 75% bajo la denominación de profesor "por horas" o de tiempo parcial. La lógica del reclutamiento para atender a cursos que, sobre todo entre 1970 y 1985 en los sectores públicos, se multiplicaban sin cesar, parece ser clara: situar en cada curso a un sujeto que hiciera las veces de profesor y que, respecto de los muchachos que ocupaban los pupitres, estuviera un par de pasos adelante en sus estudios. Las instituciones privadas harán lo mismo en los ochenta, período en que se expanden sus servicios.

Un dato de considerable importancia sobre el modo general con que operaron los reclutamientos en el país, nos lo ofrece la respuesta de los entrevistados a la pregunta sobre la modalidad de actividad docente desarrollada durante el primer año de sus carreras académicas: en el conjunto de la muestra, el 71.2% contestó que ese primer año emprendió sus trabajos docentes bajo su exclusiva responsabilidad, esto es, sin formar parte de una relación colegiada de iniciación en el oficio.

"Bajo su exclusiva responsabilidad" significa que la iniciación en esta actividad, antaño gregaria, fue, en el mejor de los casos, a través de la entrega del programa de la asignatura a impartir, de la obtención de un gis y un borrador y el auxilio mínimo para localizar el salón respectivo: Le toca en el K3278, buena suene colega fue, sin duda, la instrucción más común del encargado de la asignación docente en nuestras instituciones.

Esta modalidad solitaria, aislada, descansando en reclutamientos tempranos y en frágiles desarrollos de competencia académica por la vía de los estudios, es la mayoritaria en todos los tipos institucionales: así la recuerda el 67.3% de los que iniciaron sus carreras académicas en universidades públicas, el 78.6% de los que fueron reclutados por los tecnológicos públicos y el 85. 1 % de los que arrancaron sus carreras en las instituciones privadas.

Este dato es contundente: la iniciación en el oficio de la mayoría de los docentes que se entrevistaron en 1992, ocurrió sin referencias colegiadas, sin un grupo de académicos al que se pudiese recurrir en un proceso pautado de incorporación e iniciación. Aislados, con el reto de resolver la encomienda por sus propios medios, a lo sumo relacionados por la adscripción abstracta a alguna entidad adminsitrativa...

Por definición, la muestra obtenida en 1992 no cuenta con colegas ingresados al espacio laboral académico y que lo hayan abandonado posteriormente: en todos los casos, se trata de profesores activos en 1992. Por esta razón el análisis del tiempo en este conjunto ha de tomarse con mucha precaución, pues aunque los académicos se pueden agrupar según su período de incorporación a la actividad académica, esos grupos no son una muestra de los académicos por período, dado que no tenemos noticia de los que han abandonado sus puestos.

No obstante este límite establecido por el diseño de la muestra, si agruparnos a los colegas por su período de incorporación --es decir, la parte que ingresó en determinado lapso a la actividad académica- la proporción de los que tuvieron ingresos aislados es creciente: los incorporados hasta 1959 inclusive tuvieron iniciación solitaria en un 45.9%; los que inician sus carreras en los sesenta la hacen subir al 58.6%; los que obtienen su primer contrato entre 1970 y 1985 -la fase de mayor expansión de los puestos a nivel nacional- iniciaron sus carreras con actividad docente bajo su exclusiva responsabilidad en un 70.6%; y los colegas que fueron contratados por primera vez entre 1986 y 1992 ubican esta proporción en el 79.4%.

A mi juicio, como rasgo general en nuestro conjunto institucional de referencia, este modo de iniciación es un indicador muy claro de la ausencia de una política de conducción de la vida universitaria a través de la generación de núcleos académicos. La actividad docente aislada, a lo sumo organizada a través de la referencia a un programa de estudios y su forma de distribuir "cargas docentes" entre individuos agregados administrativamente, ha sido predominante en los procesos de incorporación e iniciación en la actividad académica.


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