| El constructivismo cognitivo se caracteriza por no contemplar el subjetivismo humano en el proceso de construcción de la realidad.

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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

El constructivismo cognitivo se caracteriza por no contemplar el subjetivismo humano en el proceso de construcción de la realidad.


Uno de los principales problemas del constructivismo, fundamentado en el modelo piagetiano y en las posteriores versiones cognitivistas sobre la adquisición del conocimiento, es que se fundamenta en el modelo del idealismo kantiano. Éste da primacía a las estructuras mentales racionales y abstractas a expensas de una subjetividad histórica y socialmente constituida que la persona utiliza en el proceso de razonamiento. Tal y como señala Sampson (1981), esto explica que el constructivismo relacionado con el enfoque cognitivista que tiene sus raíces en el pensamiento piagetiano, preste una atención preferente a las construcciones mentales que ocurren "en la cabeza" de los sujetos y muy poca "a los intereses materiales, las prácticas sociales o las propiedades objetivas de la situación" en que el individuo se encuentra. Pero los constructivistas piagetianos podrían argumentar que esta crítica es infundada porque el aprendizaje se produce, sobre todo en el período sensorio-motriz, mediante una regulación dialéctica entre la realidad y la construcción de la mente, entre la asimilación y la acomodación. Sin embargo, esta dialéctica no se mantiene y, como señala Wozniak (1974), "en los siguientes períodos, la idea piagetiana del sujeto activo cobra mayor preeminencia a expensas de la acción del entorno". Las consecuencias de esta asunción son importantes para la educación escolar.

Si nos preguntamos ¿qué es lo que se construye en la escuela? y ¿qué conocimiento se representa en esta construcción?, la respuesta última sería que son representaciones abstractas y ubicadas en "la mente". Esto implica que lo que se construye es ahistórico, libre de valores, y que las representaciones son significativamente universales y pueden ser modeladas en términos de formalizaciones matemáticas. Si tal y como señala Sampson (1981), para la visión cognitivista "los objetos de la realidad son vistos como productos de las operaciones cognitivas individuales más que como productos social e históricamente establecidos", habría que preguntarse ¿a qué intereses sirve la perspectiva cognitiva del desarrollo cuando se define en términos de la habilidad de pensar racionalmente sobre los problemas "apartándolos de su vinculación a una práctica social e histórica" (Sampson, 1981) y reduciendo el desarrollo intelectual puramente a un ejercicio mental ? (O'Louglin, 1991).

Como indica el mismo Sampson, la respuesta a esta pregunta habría que plantearla en términos de que la perspectiva cognitiva, al poner énfasis en la actividad mental de tipo interno: planificar, decidir, pensar, organizar, reconciliar y transformar conflictos y contradicciones "dentro de la cabeza", tiende a mostrarse impotente y distante (pues se sitúa desde el mundo de la psicología) a la hora de favorecer y producir cambios en el mundo social. "Al sustituir pensamiento por acción, transformaciones mentales por transformaciones reales, el cognitivismo cubre con un velo las referencias y las bases de la vida social y relega el potencial individual al mundo interior de una gimnasia mental."


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