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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

El cognitivismo constructivista favorece un determinado tipo de valores en la educación escolar


Los valores sociales dominantes en los países que representan los criterios de la llamada "alta cultura" se dirigen hacia el conocimiento específico y objetivo, las habilidades y estrategias basadas en un criterio de racionalidad. En opinión de Anderson (1992), estos valores son apreciados porque no cuestionan los establecidos por los grupos dominantes en esos mismos países. En este sentido, la tendencia cognitiva dominante, en la que se inscribe el enfoque constructivista del aprendizaje, aparece como la más adecuada a las características de un sistema social y productivo regido y orientado en una dirección tecnológica. En este sistema, el conocimiento que se requiere ha de ser lineal y jerárquico, fundamentado en lo que se conoce como "conocimiento básico" y pondrá énfasis en los procesos lógicos y en el pensamiento orientado intelectualmente. La idea que prevalece en todo ello es que es a través de la sistematización de la información, como se adquiere y se gana el conocimiento.

La estructura escolar que apoya este supuesto se basa en la idea de eficiencia, definida por unos objetivos y contenidos claramente establecidos, y donde los resultados esperados, que han de guiar la evaluación, se definen antes de que comience el proceso educativo y donde toda la planificación escolar se lleva a cabo en función de esos resultados. "En este modelo apunta Anderson (1992)- los aspectos de la vida mental, tales como la intuición o la imaginación están devaluados, quedando reducidos a las funciones cognitivas aceptables y que puedan ser recogidas en términos de datos empíricos." Con todo ello la escuela contribuye a cumplir una función socializadora que va más allá de la adquisición de unos conocimientos y que constituye, mediante la visión constructivista cognitiva que trato de analizar, un elemento regulador de primer orden del comportamiento individual y de su adaptación a las representaciones sociales dominantes.

Por otra parte, y ésta es una opinión que puede sorprender, los principios del constructivismo que hacen énfasis en que el aprendizaje se produce centrado en la actividad del alumno ("el aprendizaje significativo implica una intensa actividad por parte del alumno") supone, en opinión de autores como Delpit (1988), favorecer los valores y las aspiraciones de los estudiantes de clase media. Lo que iría en detrimento de otros valores y construcciones que no responden al modelo de inferencia de conocimiento, a partir de la manipulación de objetos o de información que favorece el constructivismo.

El argumento que sostiene esta afirmación se basa en que el enfoque constructivista, al no tener en cuenta las condiciones sociales y culturales en la construcción del conocimiento y reformar un tipo de valores y esquemas de racionalidad normativa, se presenta como una auténtica "cultura del poder". Resulta una imposición de una forma de razonamiento que se universaliza, pero que para desarrollarla requiere "organizadores" (experiencias y lenguaje) que son prototípicos de la cultura de la clase media. Cultura que es un reflejo de los valores que se inculcan en la escuela y que se presentan mediante códigos que es preciso reconocer e identificar para acceder a ese sistema de poder. Los estudiantes de clase media poseen el código regulador de la construcción del saber en el aula antes de venir a la escuela y se adaptan con facilidad a ella, entre otras razones, porque algunos enseñantes comparten esos mismos valores.

En esta adaptación también se produce un ejercicio del poder representado mediante el proceso de comunicación que se establece en la clase. Como destacan Edwards y Mercer (1987), "las preguntas y respuestas tienen unas características peculiares... el docente, que sabe las respuestas, plantea casi todas las preguntas, sobre las que ya conoce las respuestas". El problema con este tipo de pedagogía, que por ejemplo, trata de identificar los conocimientos iniciales de los alumnos en función de la secuencia de enseñanza ya decidida por el docente, es que éste acaba imponiendo su propia definición de la realidad en función de su comprensión de la situación. Comprensión mediada por la normatividad de lo que transmite en la clase y su control sobre el conocimiento, y difícil para la adaptación de los estudiantes que ignoran sus códigos y pautas de actuación.


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