[Nota 39]
Con respecto a las escuelas privadas no existe una fuerte razón para excluirlas del sistema educativo. Un Estado democrático debe permitir un sistema mixto de educación básica, pública y privada, intentando alcanzar un balance: permitir a los padres insatisfechos con las escuelas públicas mandar a sus hijos a las privadas pero, al mismo tiempo, intentar desarrollar en los niños - independientemente de las creencias religiosas de sus padres - aquellos valores que conforman un "carácter democrático". Véase Amy Gutmann, op. cit., p. 115-23.