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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

REFLEXIONES SOBRE LA EDUCACIÓN PARA LA INVENCIÓN DEL FUTURO

Author: Carlos de la Isla[Nota 1]


Vivimos un momento histórico singular. En México, en el mundo se percibe un estado de incertidumbre y perplejidad. Parece que todo apunta hacia la necesidad de cambiar profundamente el presente y de inventar el futuro.

Como marco de referencia, cito algunas opiniones de reconocidos analistas de la sociedad y de la historia:

Cornelius Castoriadis: "El peso de la responsabilidad que recae sobre la humanidad occidental por el desenfreno de la técnica y de la economía me hace pensar que es ahí donde debe iniciarse una transformación radical."

"Siglo cruel me ha tocado vivir -dice Isa¡ah Berlin- los sistemas ideológicos sociales en vez de proteger a sus hombres los han latigado, perseguido, sacrificado... La creatividad debe sustituir a la violencia."

Mientras que, observa Daniel Bell: 'Tas formas políticas tal como las conocíamos se están desmoronando, las grandes ideologías están llegando a su fin..." Y Jacques Attali: "Nunca antes una sola generación ha tenido que tomar decisiones tan urgentes para su prosperidad y para su sobrevivencia." 'Tara poder crear una civilización que perdure, la humanidad debe reconciliarse con la naturaleza y con ella misma..." Sobre el futuro "lo único que razonablemente puede decirse es que el mundo va a cambiar más en los próximos diez años que en ningún otro período de la historia". "La creación, la invención son ya el trabajo más importante..." Y agrega en otra parte: "Las mismas razones de éxito del capitalismo son las que pueden producir su fracaso... El sueño de la elección sin límites puede terminar en la pesadilla de cero elección."

En este contexto de un presente que se resquebraja y de un futuro que hay que inventar, voy a hacer algunas consideraciones sobre la responsabilidad de la Universidad, responsabilidad de tal dimensión que de ella puede depender que el próximo milenio sea maravilloso o terrible.

Todo parece indicar que en los años restantes del actual milenio y tal vez algunas décadas del próximo siglo, las naciones del mundo se encontrarán orando en el altar del dinero.

Hay quienes piensan con Fukuyama, que después del fracaso del socialismo real, el capitalismo reinará por siempre sin ninguna antítesis significativa. Otros con mucha mayor sensatez, piensan que el capitalismo real se ha fortalecido a pesar de sus vicios, porque su oponente traicionó su camino y su meta.

Para que el Liberalismo, teoría de las libertades personales, políticas y de mercado tenga esperanza de vida sana, el capitalismo real debe corregir los vicios que provocarían su autodestrucción (como afirma Attali).

Debe combatir con vigor las graves, hirientes, ofensivas diferencias sociales que ha engendrado. Diferencias que nuestro México ejemplifica con triste y dramática evidencia, mostrando la distancia entre los muchos que nada tienen y los muy pocos que tienen tanto como para obtener reconocimientos internacionales... Y aquí hay que señalar que el énfasis de lo dramático no se hace por el hecho de que sean pocos los que tienen mucho, sino porque la riqueza nacional no beneficia a todos los mexicanos, dado que el régimen de propiedad privada se legitima si, y sólo si, bajo el mismo se explotan mejor los recursos de todos a favor de todos.

El capitalismo real debe corregir las enormes diferencias que ha causado o acrecentado entre las naciones. ¡Qué distancia entre el primer mundo y el tercero y cuarto; desde los países del Norte hasta los del Sur! Y mientras las distancias se reducen no reina la libertad porque, como dice Lacordaire: "Entre poderosos y débiles la ley es la que protege y la libertad la que oprime."

Junto a muchos otros críticos, Octavio Paz afirma: "El capitalismo deifica al mercado y degrada al ser humano." Lo degrada cuando le impone la unidimensionalidad de los valores económicos. Lo degrada con las estructuras políticas que maneja y a las que pone el ropaje de la democracia; lo degrada con los medios masivos de condicionamiento, imponiendo sus ideas y valores a través M código legendario de su manera de leer el mundo de acuerdo con sus intereses de poder y dominación. El capitalismo real degrada al hombre cuando impone una tecnología gigante, cibernetizada para producir más ganancia, sin importar esa muerte lenta de la sociedad activa que es el desempleo, ni tampoco ese otro precio que es la enajenación e idiotización del trabajador; y eso aún cuando se ha demostrado que es posible una tecnología con rostro humano y amiga del hombre.

Con la idolización del consumo y la cultura de la elección no hay saciedad posible. Ni siquiera se respetan los límites del equilibrio ecológico. Fuera de los congresos, las alarmas sobre el rompimiento del desarrollo sustentable nada significan. Los que en verdad saben de este problema exclaman: "Ayúdenos a salvar la tierra. Es necesaria una nueva civilización global para salvar la tierra." Cuánta imaginación y creatividad se necesitan para no sacrificar al hombre de todos los niveles en aras de la ganancia; para no considerar a la naturaleza como una infinita fuente de recursos sino como la casa bondadosa en la que todos somos inquilinos.

Será necesario destruir la idea soberbia y prometeica del hombre autónomo por soberano, que se atribuye el derecho de hacer y deshacer; la idea de este hombre que de continuar dominando ---como advierte Frömm-- conducirá al suicidio más cierto que haya inventado la cultura humana.

Ante los problemas del futuro, los hombres que el mundo necesita con más urgencia, no son los técnicos, ni los eruditos, ni siquiera los científicos, sino hombres con gran capacidad de analizar, juzgar, discernir, imaginar y proponer soluciones y proyectos de acuerdo a las necesidades de cada país, de cada cultura.

Cuando se trata de organizaciones nacionales, ni las revoluciones, cambios, sistemas, métodos o técnicas deben imitarse. ¿Cómo es posible que un país con psicología tan particular, con etnias diversas y recursos, aspiraciones, geografía, historia y cultura tan variados tienda a imitar a otro tan marcadamente extraño; sobre todo cuando su modelo de desarrollo tiene tan grandes grietas en lo que se refiere a un desarrollo humano deseable?

Esta pretensión de un crecimiento singular de acuerdo con los valores culturales y la propia identidad no es contraria a la tendencia globalizante, que sobre todo en la línea de las soluciones se hace necesaria. Como dice Isaiah Berlin: "Creo con Herder que el cosmopolitismo en el plano cultural es vacío ... No deseo abandonar la creencia de que un mundo capaz de ser un ordenado tapiz de diversos colores en el que cada fragmento desarrolle su propia y original identidad cultural y sea tolerante de las demás, no es un sueño utópico."

En síntesis, si hemos de dar crédito a los críticos de nuestro tiempo, las grandes formas políticas y económicas están en quiebra y nos están conduciendo a situaciones de alto riesgo regional y mundial. Los grandes sistemas ideológicos que daban seguridad han muerto o agonizan. La convergencia unánime del diagnóstico apunta a la necesidad del cambio.

Estos señalamientos están muy lejos de una visión catastrofista. La percepción y evaluación de la realidad constituye la plataforma del reto para la construcción de nuevos valores, aspiraciones, creencias y modelos que transiten por nuevas áreas, inspiradas tal vez en lo sagrado, en la naturaleza, en la humanidad... De aquí que la necesidad más importante del presente frente al futuro sea la de modelar, inventar... La creación es el trabajo más urgente, y debe ser el más cultivado y generosamente recompensado.

Aquí es donde se agigantan la misión y la responsabilidad de la Universidad. De aquí su compromiso con la transformación del mundo, si no quiere ser cómplice en sus desgracias. Y es que la Universidad es el espacio natural, privilegiado para pensar, para promover las cualidades de esos hombres que la sociedad necesita.

Por eso y por la magnitud de su empresa, yo diría que la Universidad más que nunca debe mantenerse libre y autónoma para concentrarse en la difícil tarea de formación de hombres libres y comprometidos, que desarrollen su inmenso potencial de invención, descubrimiento, pensamiento crítico y creación.

La Universidad debe mantenerse libre frente a los poderes políticos y económicos que quieran someterla y convertirla en su más poderoso instrumento de afirmación y reproducción. Debe mantener su autonomía y dignidad ante las políticas económicas globalizantes que la piensan como una empresa eficaz y competitiva.

La Universidad beneficia mucho más a la sociedad si en vez de emplearse en moldear productos humanos competitivos en el mercado de¡ dinero, se concentra en la formación de hombres capaces de construir un mercado en el que el valor de las personas esté muy por encima del monetario, un mercado que maneje el capital al servicio de todas las personas y de su hábitat.

La Universidad de la época presente será juzgada por la historia con mucha mayor dignidad si opta por la actitud crítica y creativa más que por su valor mercantil en el sistema de mercado.

La gran tarea de la Universidad exige no educar hoy para un presente que antes de terminar el programa ya es pasado. Se ha de educar para el futuro, es decir, para siempre. Y se educa para siempre cuando se logra que el estudiante aprenda el oficio más importante y más difícil, el oficio de ser hombre; cuando se logra que el estudiante se comprometa desde su convicción profunda con su desarrollo personal con su sociedad y con su historia.

El objetivo de la educación, cuando no se ha empleado como instrumento de control, siempre ha sido propiciar el desarrollo integral y armónico de las potencialidades que existen en todo ser humano.

El cultivo de la imaginación, de la reflexión, de la inventiva requiere una modificación sustancial del sistema tradicional que se propone el aprendizaje, la conservación y repetición de los conocimientos programados. Este sistema funciona en torno a la memoria. Es, por lo tanto, un mecanismo conservador. Los métodos que emplea son bien conocidos, pero es útil tenerlos presentes para poner énfasis sobre las diferencias y hasta oposiciones con el sistema que aquí se sugiere. Su medio favorito para la transmisión del saber es la exposición docente con tono profético o velado por la modestia, pero finalmente impositivo y autoritario. El valor del mensaje está revestido de "cientificidad" y de "verdad demostrada". Consecuencia: el alumno debe recibir y conservar. Puede interrogar, pero no con espíritu de cuestionamiento, sino para apoyar mejor el mensaje recibido. La relación es vertical: la verdad desciende de la cátedra. El mejor maestro es el más fiel transmisor. El mejor alumno es el que tiene mayor capacidad receptiva para captar la teoría completa. Después éste se convierte en maestro para repetir el proceso, y así se conserva la tradición que mantiene el conjunto de las mismas verdades, de las mismas relaciones sociales, de los mismos beneficios y beneficiados.

Ése es el obstáculo radical: Todo está permitido y minuciosamente estudiado para construir y mantener la defensa de los poderes establecidos: La cultura oficial, la tradición selectiva de los conocimientos "valiosos", las construcciones ideológicas de los currícula, cuyos contenido y forma conllevan el conocimiento oficial, la epistemología y la cultura del positivismo, la filosofía analítica que reduce a la ética a la silenciosa contemplación, la reducción de la función docente a la dimensión técnica, la obsesión cuantificadora de los resultados formulados y previstos... Éstos son algunos medios de "legitimación", algunos medios para la incorporación de los "educados" al sistema; incorporación fácil y dócil que produce el "servilismo ilustrado" del que habla Gabriel Zaid. La educación para el sistema es incuestionablemente la antítesis de la educación de las personas.

Conviene señalar cómo para el logro del "fin" se emplea también un recurso que repugna a la razón educativa, el recurso perverso de la contradicción:

En el currículum oficial se exalta el valor de la educación para la democracia, pero por otra parte, las estructuras académicas y administrativas de escuelas y universidades son impositivas, piramidales, antidemocráticas.

En el currículum oficial se enfatiza la necesidad de fomentar en los estudiantes el ethos, el impulso interior al saber y a la verdad, al desarrollo integral, a la convicción que da estatura, dimensión humana, mientras que en la realidad "educativa" cotidiana aumentan las presiones, los controles, las sanciones...

En la filosofía educativa curricular se enfatiza la necesidad del desarrollo del pensamiento crítico, de las ideas propias como móvil de la propia existencia y defensa contra el condicionamiento agresivo de la sociedad y del mercado, mas en la realidad "educativa" curricular se reproducen y fortalecen las actitudes dogmáticas, "proféticas", de incuestionable donación de verdades.

Los objetivos educacionales señalan que la formación es más importante que la información (por la incertidumbre del futuro, por el vertiginoso cambio, por la pronta caducidad de los conocimientos técnicos), al tiempo que en los programas de todas las materias la información abrumadora no permite los espacios para la reflexión analítica, crítica, imaginativa y creadora.

Las contradicciones evidentes entre el desideratum curricular (deber ser ) y las prácticas reales del quehacer educativo generan en los estudiantes de todos los niveles un conflicto (se ha llegado a llamar esquizofrenia), que da como resultado el desprecio de los valores explícitos y de los autores de las contradicciones; al mismo tiempo que aparecen con clara evidencia los verdaderos objetivos de las estructuras "educativas": el espíritu dócil y acrítico de los estudiantes, la sumisión a un sistema de control, la adaptación a las exigencias del mercado académico, el servicio eficaz conservador de todos los mecanismos. En pocas palabras, se trata de la reproducción de los valores y verdades que mantienen el "orden" establecido, que a su vez privilegia "la significancia de múltiples grupos de relaciones de poder" (M. Apple).

Así se han mantenido los grandes sistemas de verdad por apropiación, los sistemas sociales, políticos, económicos dominantes, los que manifiestan las grietas profundas y que han sido incapaces de resolver los problemas más apremiantes.

Parece pues, que la alternativa es el desarrollo de la imaginación, donde el método es radicalmente distinto. Empieza con el lenguaje, que consiste en la expresión de acciones comunicantes, en las que poco o nada importa el agregado o la etiqueta de la palabra. (Los griegos pensaban sin nombres, dice Heidegger.) Es lo que podría llamarse comunicación sustantiva.

Dialógico es el término más aproximado para significar esta actividad educacional dirigida a inventar, a descubrir. La raíz de la palabra es la primitiva logos, que proviene de legein que significa decir; y decir es mostrar o manifestar. Dia significa "a través". Este diálogo es un discurrir a través de lo que se muestra. El punto de partida es el logos o mostración de la realidad sin interpretación ni calificación. (Sin exégesis ni hermenéutica preconcebidas). Es expresión original que se ofrece al discurso múltiple y que propicia la visión personal, la perspectiva de cada sujeto, los matices captados y proyectados por lentes singulares.

Ya los primeros acercamientos escolarizados a la realidad tienen la intención de captaría y expresarla (fines de la ciencia y del arte). El niño, el adolescente y el joven son invitados a apresar su segmento del mundo que les rodea, que se les muestra, y a expresarlo con todos los matices de la riqueza subjetiva de la interioridad personal. Este método es una invitación a hacer ciencia y a producir arte a la vez. ¡Qué diferente a la orden de copiar lo que se ve y repetir lo que se oye!

Discurrir la realidad tal como se muestra desde tales perspectivas ¿no conduciría a descubrir segmentos nuevos, diferentes? ¿No podrán captarse dimensiones nunca conocidas para construir nuevas utopías como visiones que hacen posible lo deseable?

Estas hipótesis del discurso de la imaginación sobre la realidad suelen atacarse con argumentos del "racionalismo". Pero ¿no se han jugado ya demasiado las cartas del realismo, del positivismo, del materialismo, de todos los "ismos"? Resulta, pues, más que legítimo explorar el campo de lo desconocido, que muy probablemente es más amplio que el de lo conocido. La invitación es entonces a incursionar en el mundo de las posibilidades que pueden mostrar caminos diferentes, tal vez más seguros y mejores.

Presentar las opciones existentes como las únicas reales es una trampa que ponen los pocos a quienes conviene perpetuar lo establecido.

La universidad, que por su misión debe conservar y acrecentar la luz, es señaladamente responsable de favorecer la invención para caminar al frente, hacia la oscuridad del futuro. Debe generar el cultivo del conocimiento analítico, crítico y aún del intuitivo. En este proceso el maestro no es el dictador de datos, problemas, interpretaciones y soluciones, sino el compañero que camina junto al discípulo, que lo invita y anima a pensar y a descubrir.

El maestro no considera al alumno ni retrasado ni inferior, sino un ser humano con la capacidad del genio, creador, inventor, artista... y que sólo espera el impulso; o al menos no desea la reclusión en las concepciones cuadradas y rígidas del saber común, obligado y oficial.

La pedagogía de la imaginación parte de una antropología diferente, con un criterio de apreciación muy distinto: juzga muy superior el despuntar de un pensamiento original a la repetición textual y exacta del discurso escolar, por brillante que éste sea. Incursionar en lo desconocido, imaginar aún lo imposible para construir utopías, es la actitud inspiradora de esta relación.

Educar la imaginación para la investigación, quehacer también esencial de la universidad, implica descubrir nuevos horizontes para recuperar la capacidad de asombro, de admiración, que conduce al descubrimiento. Recuperar, preservar -porque es herencia universal que se ha ido degradando- el impulso-amor hacia el conocimiento de la naturaleza, para que domine al impulso-poder que ha engendrado la neurosis contra la naturaleza.

Fomentar el ingenio de la investigación lleva consigo la pedagogía de una sabia ignorancia, que prescinde de supuestos, de innumerables supuestos que definen los procedimientos que han conducido a las concepciones del mundo, de la sociedad y de la vida que ahora nos rigen.

¿Por qué suponer una antropología tan empobrecida, que muestra al hombre egoísta, violento, destructivo, acaparador, regido por thanatos, por la necrofilia? Respuesta racionalista o empirista: "lo que es evidente no se supone". Pero ¿no se aceptaban como evidentes la inmovilidad de la Tierra, el funcionamiento mecánico de la naturaleza, la objetividad de los fenómenos físicos?

¡Si Copérnico, Galileo, Einstein, Heinseberg... hubieran aceptado como evidentes e incuestionables aquellas "supuestas evidencias"! Si se continuase aceptando el "evidente supuesto", según Hobbes, de que el hombre es lobo para el hombre, en el campo político seguiría reinando la monarquía absoluta. Éste es el grave riesgo de la veneración de los supuestos que se afirman en la educación de la memoria.

La investigación del futuro ha de tender más a descubrir desde los primeros pasos, cuando menos en un buen número de aventuras del pensamiento, lo que es el hombre (¡cuántos siglos estudiándolo y cuánto misterio aún en la oscuridad del inconsciente, de la conciencia y de su propio ser!). Y el mismo procedimiento deberá seguirse para elucidar problemas de convivencia, de justicia y libertad en la geografía del poder, de los valores de los hombres, de sus protestas, de su clamor por la vida, de su repudio a la destrucción y al hambre.

En cierto sentido ésta es una investigación pura, por incondicionada, aunque también puede resultar, como ya ha resultado en otras épocas de la historia, la más aplicable y aplicada.

Este sentido de investigación no sugiere la sustitución o desplazamiento de la que ya se realiza con honradez y debe fomentarse según las exigencias de las necesidades sociales. Se señala como alternativa, aplicando un distinto procedimiento en dirección y sentido: ejercicio de la imaginación y de la intuición hacia lo imprevisible y lo desconocido de esa realidad que somos y nos rodea, de la que nuestros mejores científicos saben muy bien lo poco que saben.

Por todo esto, pienso que es legítimo afirmar que las universidades que abran un mayor espacio a la pedagogía de la imaginación y, por lo tanto a la investigación y a la creación, estarán más firmes en el presente y de cara al futuro.

La modificación de la pedagogía en torno a la memoria, que tiende a conservar y repetir las estructuras existentes, parece difícil porque la educación ha sido un instrumento de poder y está ligada a la práctica social del poder. Sin embargo, frente al futuro incierto y problemático, el desarrollo de la imaginación para inventar y crear se presenta como alternativa obligada, como una tarea con carácter de reto y compromiso, especialmente para las escuelas que decidan cumplir con su responsabilidad social.

Ejercicio difícil, pero de eso se trata: que la imaginación construya la utopía de hacer posible lo deseable. Si se educa la imaginación con imaginación, si se fomenta todo impulso creativo, al primer triunfo se superará el miedo oficial a la libertad que ha conducido a una política de mecanismos de control, y será posible y hasta necesario el tan deseado tránsito del Estado premoderno al Estado moderno.

El político con imaginación comprenderá que el buen gobierno, el que tiene permanencia y legimitidad, es el gobierno de las personas y para las personas que piensan, cuestionan, deciden, participan, y que es engañoso e ¡legítimo el ejercicio del poder sobre individuos que conforman una masa de impulsos, tal vez controlables pero también impredecibles.

Se descubrirán procedimientos nuevos basados en ideas nuevas para construir una sociedad sana con más oportunidades de desarrollo humano para todos. Esto supone un empleo másjusto y racional de los recursos y una distribución más equitativa de esta riqueza real y potencial que ahora favorece a tan pocos.

El empresario de imaginación cultivada fácilmente comprenderá, sin autojustificaciones artificiales, que la ganancia y el beneficio sólo son verdaderos cuando se comparten. Fácilmente podrá inventar esquemas, modelos y mecanismos que produzcan un crecimiento económico que se convierta en desarrollo social. Comprenderá, desde una muy diferente jerarquía de valores, que el único antídoto contra la lucha de clases es la justicia social.

El trabajador de todas las especificaciones (marginado, subempleado, comercializado, especializado) ejercitará la imaginación que ya posee, para lograr que aumente la productividad en la empresa que lo considere y valore como persona y no como fuerza de trabajo. Creará una tecnología a la medida de sus necesidades, del estilo de sus habilidades y logrará una existencia digna, libre y humana. El trabajador expresará al artista creador que en su interior lucha por manifestarse.

Las grandes vertientes social, política, económica que se descubran por los cauces de las nuevas concepciones construidas con imaginación, permitirán pensar una sociedad desarrollada, educada y con un potencial humano que modificará las perspectivas del futuro en todas las dimensiones: sociales, culturales, ecológicas, poblacionales, económicas, políticas e internacionales.

Soy consciente de que casi todas las soluciones a los problemas actuales suenan a utopías irrealizables. Sin embargo, es saludable pensar que la disyuntiva (repetir la misma dirección y sentido por el ejercicio de la memoria) puede ser desastrosa.


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