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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1995

EDGARDO ENRÍQUEZ FRÖEDEN EN EL NOMBRE DE UNA VIDA

Author: Patricio Sepúlveda


Edgardo Enríquez Froeden, En el nombre de una vida, México, UAM-X; 1994,3 tomos, xxxp, ISBN 970-620-481-4

No pretendo hacer una reseña ortodoxa que dé cuenta de la calidad literaria o de la fidelidad histórica del autor; quiero dar a conocer este testimonio para que sea tomado en cuenta como el relato de la vida fructífera, digna, honesta y limpia de un hombre que no oculta que ha vivido y se ha involucrado apasionadamente con las causas más justas del pueblo chileno.

Estas memorias están escritas por Don Edgardo en una doble dimensión. Por una parte, su propia y - en mi concepto - extraordinaria existencia, esculpida con fuerza y consecuencia en la lucha por principios que son más fáciles proclamar que practicar. Él es un ejemplo de humanidad. Tan humano que no se permite en sus recuerdos olvidar de dar cuenta de sus pasiones, errores y rencores, algunos de los cuales compartimos con distinta intensidad numerosos chilenos. Por otra parte, son un jirón de la historia de Chile; para ser más precisos, una importante parte de la historia de Concepción (ciudad de industria y cultura, y por tanto de lucha y contradicciones, ubicada a unos quinientos kilómetros al sur de Santiago), donde desarrollará la mayor parte de su productiva vida, que deseamos continúe aún por mucho tiempo.

En mil cuatrocientos treinta y siete páginas nos cuenta de una época, de un país, de los sueños colectivos e individuales que entretejidos van formando la historia, el presente y el posible futuro de una nación, y en medio de la urdimbre de esperanzas, él, construyendo la propuesta principal de su vida: ser maestro.

Es en su vocación docente donde se percibe con mayor claridad la dimensión humanista de Edgardo Enríquez, como profesor y luego primer rector, electo por la comunidad, de la Universidad de Concepción. Es allí donde se puede observar su función principal de maestro, en el salón de clases, en la palabra, en el ejemplo de una vida. Bajo sus mismos principios crió cuatro hijos que respondieron a su enseñanza, dos de ellos pagaron con la vida su aprecio por la libertad y la justicia en los crueles años de la dictadura pinochetista que azotó a Chile entre 1973 y 1990.

El relato de una vida tan caracterizada por la lucha y la honestidad pudiera hacer sospechar al lector que desconozca la trayectoria de Don Edgardo, que prevalece una tendencia a exagerar sus roles protagónicos. Para evitar esta sensación es necesario señalar que la mayoría de los hermanos Enríquez Froden ocuparon lugares destacados en la academia y en la política en Chile; todos tuvieron reputación de honestos, honor que en los días en que vivimos no es despreciable. Edgardo Enríquez ha manifestado además otro mérito extraordinario, no callar ante el poder o la autoridad cuando se comete una injusticia contra su persona o la de otros.

El relato en estas memorias nos da cuenta de muchos enfrentamientos contra actos injustos, por arbitrariedad o error, como el hecho que quiero destacar como ejemplo, que hoy es anécdota, pero en su momento tiene que haber tenido tintes casi trágicos. Cuenta en la página 254 del tercer tomo, que siendo "prisionero de guerra" de la junta de Gobierno encabezada por Pinochet, "un día de sol y calor en que fui a la comandancia a reclamar por algo, el comandante, que estaba me preguntó: y a usted ¿no le molesta la corbata?..." -a lo cual él respondió - "verá usted comandante, aquí lo que menos me molesta es la corbata". Hay que señalar que él, junto con un grupo de prisioneros, se encontraba en una inhóspita isla del sur de Chile en condiciones infrahumanas y que sus carceleros -personal de las fuerzas armadas - tenían como objetivo quebrar la moral y dignidad de los detenidos.

Don Edgardo en su narración nos habla de su condición de masón practicante durante gran parte de su vida, por la cual aprendería una de las virtudes más importantes de su personalidad: la tolerancia. Jamás fue un jacobino pero sí un hombre de principios. Señalo esto para que se comprenda mejor el relato de otro hecho protagonizado en el campo de concentración. Después de más de un mes como prisionero pide un sacerdote, lo que causa la extrañeza y la negativa del jefe del campo, quien conoce su calidad de masón: "tráigame entonces al venerable maestro de mi logia", demanda Don Edgardo, a lo que el otro responde, "imposible". Entonces invoca leyes tanto nacionales como internacionales para reclamar que no le pueden negar este derecho. Días después llegó un capellán y este encuentro refleja la estatura moral de un hombre digno. Le relata al extrañado sacerdote que lo ha solicitado porque por primera vez en su vida está empezando a odiar, "y yo no quiero odiar", le confiesa. Las condiciones a las cuales ha sido reducido con los suyos conduce a este hombre generoso al odio, pero él reniega de este sentimiento; la constatación de esa grandeza humana de enfrentar la tentación de odiar al carcelero y a sus jefes, lleva al sacerdote hasta las lágrimas. Fue a través de este representante de la Iglesia católica, que se supo dónde se encontraban los más importantes dirigentes del gobierno derrocado, además de otros cientos de prisioneros de la zona, y fue el inicio de la digna y fructífera labor de la "Vicaría de la solidaridad", de defensa de los perseguidos cuando en Chile reinaba el terror.

Expulsado del país por la junta militar, vive un tiempo en Inglaterra, donde será constante portavoz para la denuncia de los crímenes perpetrados por la dictadura. Su interés en aproximarse a la patria y la generosidad del pueblo mexicano lo traen a este país, donde se reincorpora a sus actividades docentes y se une a la resistencia contra Pinochet.

En México continuará dedicando importantes años a la educación. Varias generaciones de jóvenes estudiantes de medicina de la UNAM recibirán sus enseñanzas, y él, el fuego revitalizador que aportan los estudiantes a los viejos maestros. Sin embargo, Chile lo reclama, y en pos de ese llamado vuelve a su país, donde continúa su lucha por el esclarecimiento de los hechos que provocaron el asesinato y la desaparición de miles de compatriotas, entre los que se cuentan dos de sus hijos.

La historia reciente de Chile todavía está por escribirse, pero no podrá estar completa sin incorporar relatos como el que aquí comentamos.

PATRICIO SEPÚLVEDA

Depto. Académico de

Estudios Generales, ITAM


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