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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1995

EDUARDO MILÁN, RESISTIR. INSISTENCIAS SOBRE EL PRESENTE POÉTICO

Author: Alberto Sauret


Eduardo Milán, Resistir. Insistencias sobre el presente poético, 1994, México, Conaculta, 200 p. ISBN 968-29-6200-5

La ergástula es oscura, pero no te arredres...

(Georgie dixit)

No es necesario ser cabalista graduado para sospechar que alguien que se nombra con apellidos en concatenación intertextual está predestinado a las insistencias, como Milán Da Milano. Su libro, como el asedio a Jericó, procede por giros cada vez más estrechos en torno de lo mismo. Es que si no se torna sobre lo mismo es un errar sin retorno, y la ida va de vuelta si la podemos versar; las variaciones serán sobre el mismo tema o no serán sino sustituciones, divagaciones u otras peregrinas mociones. Esto ya lo sabía Bach, que para disimular tuvo la ocurrencia de llamar fugas a sus obsesivas recurrencias.

"Escribir es una condena" decía Rulfo, condenado además a romper lo escrito, es decir a resistir, a no soltar palabra, a no insistir vanamente, a no abundar sobre lo dicho; sobreponiéndose -seguro con excesivo escrúpulo - a la epidemia de logomaquia anémica que seca el seso. Es que los poetas de verdad, han sido tocados con el bendito don de la palabra, pero a diferencia del común de los mortales, no pueden hablar de cualquier cosa; fungen como dueños de la palabra, pero en realidad fingen, la tienen empeñada, sólo son sus testaferros. Por eso este guardián de la frontera que milita en el límite entre lo no dicho y lo decible, aun cuando se empeña sólo en hablar de poesía, imaginaria alerta al milagro de la palabra verdadera, no puede limitarse de hacer poesía.

"Lo que queda es obra de los poetas", reconocía Heidegger. Y Milán, ante la devastación, el simulacro y la impostura relativa ambiente, con un farol que recuerda al de Diógenes, desanda un itinerario histórico, geográfico y existencial, para relevar algunos síntomas, gérmenes y secuelas: "En un artista la crítica al mundo desprendida de la crítica a su propio arte es un juego irresponsable, imbécil." Porque la vida es juego, por supuesto, pero no chacota. Ni la mera inquietud acción, ni cualquier garabato escritura.

Resistir para Milán es hacerse fuerte, pero no resistencia al cambio, sino a la inerte inercia; es hacerse leve, pero no resistencia pasiva, sino vigilante escucha a la voz del aura. Resistir no es dejarse estar sino echarse a andar, errar. Errar es humano, demasiado humano, pero cuando el errante se conoce en su errar, su senda es divina, no está perdido, sólo anda demorado, haciendo tiempo,. rastreando algún hilo de voz, buscando para volver. (Como Almotasim, que vislumbra el aura donde fuera su punto de partida, al cabo de rondar una vida.)

Sólo el error es demostrable -enseñaba Popper - y reconociéndolo podemos acercarnos a la verdad, incierta, inasible, inefable. Sólo errando es posible exilarse de lugares comunes, lugares vacíos poblados de ecos, hacer oídos sordos a los falsos poetas, rebelarse, contradecir, revelar sonidos más ciertos, proscribirse y prescribir.

"Escribir es siempre plantearse una estética de negación de la propia vida, reafirmar una suerte de no seguimiento. Deteniendo la duración, escribir es resistir." Este celo que Milán cultiva midiendo sus propias palabras, naturalmente se vuelve discreta denuncia de los escuadrones de la muerte del verbo que fusilan a mansalva sin juicio previo.

"Escribir es siempre un acto de transgresión de las propias imposibilidades... por eso resulta un llamado de atención la 'facilidad' con que escriben los poetas de hoy en día. Se diría que todo les resulta accesible."

El responsable de la escritura es el género lejano de una especie virtualmente extinta; inautenticidad, autocomplacencia y un insaciable afán de novedad hacen de éste, "el tiempo del mimetismo" dice Milán, "donde 'hacer de cuenta que se es' equivalente a ser". Se refiere a esos estériles amanuenses solipsistas como Onán- precursor de toda virtualidad - que pluma en mano maquilan una "estética de la repetición", "sin riesgo, sin aventura y sin ninguna pasión".

Pero una poética narcisista, amanerada y convencional hasta en sus transgresiones, "capaz de inventarse todas las coartadas para eludir el pensamiento y el encuentro del hombre consigo mismo a través de la manifestación estética", en realidad es una expresión servil y legitimadora. "Lo que ha ocurrido realmente, aunque en apariencia resulte lo contrario, es una nueva sumisión del arte al estatuto social, frente a una sociedad del desencanto y del simulacro, un arte igualmente desencantado y simulador."

El desgraciado reciclado donde "vale-todo... niega, esencialmente, la experimentación y el rigor", pues la permisividad total es insignificante, equivale a la represión absoluta de la autocensura, que inhibe la creación audaz de la auténtica originalidad. Guiños, complicidades y el artificio insustancial e insulso de un recalentado de letras, son síndrome de un arrancamiento de todo centro que ha sido también un desarraigo en el tiempo. "La falta de tensión del presente es lo que ha motivado al retorno a las formas y los contenidos del pasado. La estética del revival y del remake son síntomas evidentes de una necesidad temporal de lazo con el pasado, posibilitada por la emergencia de todos los tiempos que habían sido ahogados por la visión evolutiva y lineal de la historia."

El artista, como el individuo actual, junto con la memoria "ha perdido la capacidad de trascenderse". Desde el Renacimiento, remontar a abrevar en las fuentes ha sido un movimiento perpetuo del arte occidental y sobre todo durante el siglo pasado, pero nunca como en el presente ese recurso se había efectuado de manera tan irreflexiva, dando lugar a una insólita operación de vaciamiento de sentido. El autor se pretende poeta que regresa al útero, en realidad sólo se mira el ombligo.

Resistir al nihilismo con una insistencia que no es desvarío sino errar encaminado a la búsqueda del sentido; porque el futuro será poético o no será: "Cuando la razón y la verdad entran en cuestionamiento la que verdaderamente debe alterarse es la poesía, dada su condición de puente hacia la verdad o de otro respecto de la razón."

Parecen variables, pero en una ecuación vital cuya representación es una trayectoria donde el movimiento se demuestra errando para volver a dar en el centro, resistir, insistir y existir son tautologías constantes. Para los poetas, las oposiciones totales son falsas apariencias o mejor, auténticos secretos a voces; coicidentia oppositorum, la serpiente se ha mordido la cola: admirable caso de un hombre de palabra el de Milán, que literalmente cuando resiste no se amilana.

ALBERTO SAURET

Departamento Académico de

Estudios Generales, ITAM


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