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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1995

Epílogo: breves reflexiones sobre el reparto agrario cardenista


Como fuerza social en ascenso, la de los rancheros, estaba vinculada por su origen y situación con el proyecto agrario que encabezaba el presidente interino Portes Gil, y fue la corriente que se impuso en medio de una gran violencia en la década de los treinta, el año en que los grupos rancheros de Querétaro lograron unificar sus fuerzas y proponer como candidato a la gubernatura a uno de sus líderes, el peón de los valles, Saturnino Osornio.

Apoyado por las fuerzas rancheras de la entidad, y por el grupo callista de la capital de la República, Osornio asumió la gubernatura de Querétaro en 1931; no obstante, no estaba interesado en impulsar un proyecto agrario minifundista. Por el contrario, sus esfuerzos se concentraron en conformar una organización sindical rural que obligara a los hacendados a cumplir con las disposiciones laborales del artículo 123. Sus pretensiones y la eficacia de sus "organizados", más de 10,000 campesinos en la entidad, en escasos cuatro años de gobierno (1931-1935) desestabilizaron los esquemas tradicionales del trabajo agrícola: empezaron a predominar los trabajadores asalariados, sin vínculos afectivos con la hacienda y sin pagos en especie. El latifundio, basado en el trabajador de tarea (los medieros) y en los peones apadronados y acasillados, no podía sobrevivir bajo las nuevas condiciones laborales que demandaban una nueva organización social del trabajo y la propiedad.

Desafortunadamente, los hacendados queretanos no fueron sensibles a los cambios. Su incapacidad para adecuarse a las nuevas formas de producción del proyecto callista determinó la tragedia que vivieron en la década de los treinta, cuando se empantanaron en la defensa de la propiedad que irremediablemente perdían por los adeudos acumulados y no tanto, como ellos aseguraban, por las pretensiones agraristas del gobernador. De hecho, Osornio sólo estimuló el reparto agrario cuando los propios trabajadores planteaban la iniciativa, de manera intensiva al final de su período (19341935) para favorecer a los hombres que lo habían acompañado en su gobierno, una vez que fue claro que el presidente Lázaro Cárdenas no estaba dispuesto, por el conflicto con el ex-presidente Calles, en seguir apoyando al grupo osornista de clara filiación callista. Hasta 1935 no se inició el reparto de las haciendas queretanas bajo la forma del ejido que había establecido el Código Agrario de 1934. Es de señalar que el reparto agrario continuó en Querétaro en medio de una gran violencia hasta 1937, cuando el presidente Cárdenas, en un giro todavía no suficientemente investigado, empezó a estimular la expansión de la pequeña propiedad.

Aún cuando habría que hacer una investigación específica, puede considerarse que la emisión del Código Agrario en marzo de 1934, que ordenaba la legislación ejidal, representó el triunfo de los radicales, que señalaban así su diferencia con el callismo. Sin embargo cabe preguntarse, ¿acaso la radicalización del reparto agrario durante los primeros años del cardenismo (1934-1937) responde a la composición ideológica del grupo en el poder heredada de la crisis de 1928? ¿Acaso el viraje agrario que se inicia a fines de 1937, cuando se abandona el reparto ejidal y se inicia la defensa de la pequeña propiedad, responde al hecho indudable de la consolidación del poder presidencial de Lázaro Cárdenas?

Es un hecho todavía no suficientemente documentado que Cárdenas retomó, una vez expulsado el ex-presidente Calles del país, el proyecto agrícola que habían encabezado los sonorenses. Ese viraje lleva a preguntarse si en 1937, ya que se habían desmantelado las fuerzas rurales de filiación callista y satisfechos los intereses de los grupos rurales organizados del país que acaban por agruparse en una sola central de clara identidad cardenista, la CNC (Central Nacional Campesina), se podía retomar el proyecto agrícola que del porfiriato al callismo se había querido llevar a cabo en el país.

En suma, las fuerzas triunfantes de la Revolución constitucionalista, carrancistas y sonorenses, asumieron un plan agrícola que permitiera impulsar el desarrollo capitalista de la agricultura mexicana. No obstante, por los compromisos políticos y militares adquiridos con el sector rural que se sumó a las propuestas gubernamentales oficiales, los rancheros, se vieron obligadas a impulsar una reforma agraria moderada que concentraba su atención en la pequeña propiedad. Es claro, al menos para el caso de Querétaro, que la formación del ejido, de escasa extensión, sólo alcanzó difusión en 1929 cuando el futuro de la nación, por los acontecimientos políticos de 1928, se había puesto en entredicho, y en 1934 cuando fue utilizado como un factor de cohesión de las fuerzas rurales que se sumaron al cardenismo.

Así, puede sostenerse que el programa agrario o el esperado fraccionamiento del latifundio que se inició en 1929, estuvo preñado de una fuerte carga política. De esa manera perdió la importancia estratégica que se le había concedido, desde el porfiriato hasta el gobierno de Plutarco Elías Calles, como parte integral de un proyecto ambicioso de modernización de la actividad agropecuaria.


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