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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1995

Introducción


Esta ponencia constituye para mí una primera aproximación al tema de la seguridad nacional; examino el punto de vista de los Estados Unidos, así como las respuestas que México, a través de este período, se planteó cada vez que los norteamericanos esgrimían razones de seguridad en su estrategia política.

Desde luego, estamos en presencia de un tema controvertido; el mismo concepto de seguridad nacional hasta hace poco tiempo no recibía atención en el medio académico mexicano.[Nota 1] El término "seguridad nacional" remitía a la ideología de los regímenes militares del cono sur latinoamericano, en especial a los sistemas establecidos en Brasil, Argentina y Chile; por esta razón no sólo se prescindía de él en el medio académico mexicano, sino que, como afirma el Dr. Lorenzo Meyer: "ni entró fácilmente en el discurso político oficial, que buscó no asociarse en este campo con las escuelas de y pensamiento desarrolladas por los regímenes militares del Cono Sur..." [Nota 2] El concepto de seguridad nacional está en proceso de redefinición. [Nota 3] Actualmente existe una importante discusión entre los especialistas, [Nota 4] debate que abarca una considerable gama de opiniones; algunos son partidarios de un enfoque más amplio del mismo, el cual incluye problemas del desarrollo, respeto a la democracia y soluciones adecuadas a los problemas del medio ambiente; [Nota 5] otros académicos han llamado la atención sobre lo peligroso que resulta aplicarlo indistintamente a todo tipo de controversias, por considerarlas problemas de seguridad y postulan un concepto más restringido relacionado con las amenazas militares provenientes del exterior y con el ejercicio de la soberanía plena por parte de un Estado.[Nota 6]

Para efectos del presente trabajo utilizaré este último concepto, [Nota 7] tal como lo han apreciado las autoridades encargadas de dirigir la política exterior norteamericana y también, desde luego, la forma en la cual el Estado mexicano respondió ante cada uno de los conflictos que le presentó la agenda de seguridad norteamericana.

Las respuestas mexicanas constituyen, sin duda, la parte débil en estas controversias; a menudo se nos presentan desdibujadas o poco claras. Bien, porque dichas respuestas no alcanzaron el éxito esperado, o porque al adoptarse en momentos críticos, más parecen soluciones temporales; quizá también porque las autoridades mexicanas optaron por elegir entre el mal menor; en otras ocasiones por simple ignorancia de la existencia de las mismas.

En efecto, el éxito casi siempre coronó la estrategia norteamericana en relación con México y, por lo tanto, esta realidad ha contribuido a fomentar la creencia de que nuestra política exterior ha sido meramente defensiva o incluso errática.

Cabe señalar que, en general, los estudios de las relaciones entre México y Estados Unidos han analizado primordialmente los problemas diplomáticos entre los dos países, las relaciones económicas, los problemas migratorios, muy especialmente el de los indocumentados; últimamente han proliferado los estudios sobre el comercio y la tecnología, los problemas de contaminación y la calidad del medio ambiente, etc. Los asuntos estrictamente de seguridad sólo se han planteado cuando ha surgido un enfrentamiento militar entre ambos países o la amenaza de su inminencia.

Estoy consciente de que éste es un nuevo enfoque, el cual está por considerarse. El ensayo constituye un primer acercamiento a un tema no del todo desconocido, sino enfocado desde una metodología distinta. Desde luego, espero que la discusión que se provoque en esta mesa, me ayude a la clarificación del concepto y a la prosecución de este tipo de investigación.

Henry Kissinger en su última obra afirma: "Los norteamericanos llegaron a habitar un continente casi vacío, protegido de la amenaza de la rapiña de otras potencias por dos vastos océanos y con dos débiles países como vecinos". [Nota 8] Si una autoridad en política exterior noteamericana como el autor citado afirma tan tajantemente la debilidad, -sin molestarse en llamarlos por sus nombres- de México y Canadá, da a entender que Estados Unidos, por consiguiente, no ha sufrido ningún problema de seguridad en su expansionismo territorial, primero; ni después en la implantación de la dominación económica ni más tarde en su hegemonía política y militar dentro de América del Norte. Cabría, entonces -como hipótesis- cuestionarse cuáles han sido las preocupaciones legítimas de seguridad norteamericana y cuáles las utilizadas únicamente como pretexto para encubrir la hegemonía dentro de la región; procedamos, pues, en un apretado recorrido histórico en búsqueda de aquellos momentos en que para los Estados Unidos el "problema mexicano" era un asunto de seguridad nacional. [Nota 9]

En la periodización de la historia de las relaciones México-Estados Unidos he seguido la proporcionada por dos investigadores mexicanos, quienes sin duda, hoy en día son los más autorizados sobre este tema; me refiero, desde luego, a la Dra. Josefina Zoraida Vázquez y al Dr. Lorenzo Meyer. [Nota 10]


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