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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1995

a) Las relaciones diplomáticas, 1821-1848


Sin duda, durante este período se recrudecieron y se mostraron nefastas las relaciones entre ambos países. De los cinco primeros ministros norteamericanos en México, cuatro fueron expulsados del país; surgió una primera ruptura de relaciones en 1836, una segunda en 1845 que provocó la invasión norteamericana a territorio mexicano al año siguiente.[Nota 13]

Desde la llegada de Joel R. Poinsett se manifestó en forma muy obvia que el primordial objetivo de los Estados Unidos era apoderarse de Texas; el argumento lo basó sosteniendo que formaba parte de la Luisiana. La estancia de los primeros diplomáticos en México la caracterizaba una multitud de dificultades en su relación con las autoridades de este país. Poinsett asumió una postura abiertamente intervencionista en la política interna mexicana y por tal conducta fue expulsado a finales de 1829. Anthony Butler, su sucesor tuvo un trato difícil con las autoridades mexicanas, además de ser un especulador de tierras en Texas. Powhatan Ellis, el tercer representante, sufrió la misma suerte de sus antecesores y a finales de 1836 abandonó la ciudad de México. El gobierno de este país le hizo entrega de sus pasaportes, como protesta por el apoyo proporcionado aunque encubierto- de las autoridades nortearmericanas a los rebeldes texanos.

A partir de la estancia de Butler en México, los Estados Unidos presionaron constantemente a las diversas administraciones mexicanas y presentaron una serie de reclamaciones por parte de sus ciudadanos. No todas podían ser fundamentadas.

La permanencia del cuarto representante, Waddy Thompson y el encargado de negocios que cubrió sus ausencias, Benjamin Green se concentró en el asunto de las reclamaciones. Todo esto parecía indicar que los norteamericanos se propusieran establecer una barrera de humo al problema realmente grave entre ambos países, el cual radicaba en el asunto de Texas.

En resumen, el ejercicio de una diplomacia seria y responsable de parte norteamericana hacia un país como México, les pareció innecesario e improcedente. Buscaron obtener las mayores ventajas de la debilidad mexicana, así como fomentar la profunda división que existía entre los grupos rectores de México, en cuyo proceso de gestación no llegaban todavía a un acuerdo sobre la organización política del Estado.

Me interesa resaltar que fue en el campo de las relaciones diplomáticas donde tuvo lugar una respuesta de parte de México hacia los afanes expansionistas norteamericanos; esta la constituyó la polémica suscitada entre el último representante norteamericano -antes de la ruptura definitiva de relaciones- Wilson Shannon, así como por Manuel Crescencio Rejón, ministro de Relaciones Exteriores de México, durante los meses de octubre y noviembre de 1844. En este momento se habían iniciado las negociaciones entre las autoridades de la República de Texas y las norteamericanas, con el objeto de proceder a la anexión de dicha república a la Unión Americana. Parte de los argumentos que Shannon esgrimió ante Rejón se fundamentaban en asuntos de seguridad. La anexión de Texas, afirmaba Shannon era vital para fortalecer la posición de la Luisiana; a lo que Rejón replicó que la preocupación por su seguridad llevaría "a la absorción de todo el continente [americano], y hasta del mundo entero por parte de los Estados Unidos". [Nota 14]


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