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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1995

CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE JOAQUÍN XIRAU*

Author: Ramón Xirau Subías [Nota 1]


*Homenaje del Centenario del Nacimiento (18951995) de Joaquín Xirau (18951946), realizado el martes 22 de agosto de 1995, en el Ateneo Español de México, A.C. organizado por el Ateneo y la familia Xirau.

Aquí en este salón del Ateneo, ante la doble presencia de Don Antonio Machado y de Don Alfonso Reyes, quiero yo también recordar a mi padre y maestro.

Antes, sin embargo, estos agradecimientos a los que han participado en la Mesa de hoy: Gabriela Hernández, que prepara una tesis de maestría sobre Joaquín Xirau; Ricardo Guerra, que llegó a oírlo en la Facultad de Filosofía y Letras; Bernabé Navarro, que tan cerca estuvo de el en cursos y seminarios; y, claro, Leopoldo Zea, que siempre mostró hacia el afecto y simpatía. Por cierto, tanto Navarro como Zea escribieron sendos textos exactos y espléndidos cuando murió Joaquín Xirau el 10 de abril de 1946, frente a "Mascarones", la casa de todos nosotros. Gracias también a Leonor Sarmiento que con tanta precisión y delicadeza ha organizado este acto, y a Ana María, a quien conocí gracias a mi padre y que también estuvo presente en varios de sus seminarios.

Paso ahora no tanto a hablar de la filosofía de Joaquín Xirau -algo hablaré de ella - sino de su persona; esta persona disciplinada y entusiasta que fue mi padre.

Un par de anécdotas previas. Llegarnos a esta América por Nueva York, mis padres, yo mismo y Juan Xirau, hermano de Joaquín y futuro profesor en Morelia. El barco que nos llevó fue hundido dos viajes después en un bombardeo en Rotterdam. Lo cual es indicativo de fechas dramáticas: empezaba la guerra mundial. De Nueva York a México, durante cinco días y cinco noches viajamos en autobús, uno de esos Greyhound que todavía existen. Nuevo descubrimiento después del de Nueva York: el de las vastísimas distancias del Continente Americano, cuando se viene de la brevedad de las distancias europeas. Pasamos una noche en Monterrey. Enorme manifestación. Mi padre, a quien le gustaba indagar, preguntó a uno de aquellos hombres de qué se trataba. Éste le dijo: "¿Vienen de España? ". Y añadió para mayor optimismo nuestro: "pues aquí se pondrá mucho peor". Creo que estábamos sin saberlo en la campaña de Almazán. Nunca lo supimos del todo.

A la llegada a la Ciudad de México se nos instaló en un pequeño hotel en la calle de Héroes. Nueva sorpresa, y sorpresa maravillosa para mi padre. El dueño del hotel, norteamericano, alto y enjuto - su nombre se me escapa-, recitó poemas en náhuatl leídos de un libro que había publicado en inglés: The Song of Quetzalcóatl. Tal fue el primer contacto con el mundo indígena. Además otra sorpresa, al día siguiente de haber llegado a México: el Paseo de la Reforma. Emocionado, mi padre me dijo: "¡Esto es París!". Y era en verdad hermoso aquel Paseo de la Reforma, donde se veían todavía hombres y mujeres a caballo.

Presentes ya muy pronto, las tres dimensiones de México: la prehispánica se completaría pronto al visitar las pirámides -, la virreinal y la moderna.

Un hecho que en los últimos años me ha sorprendido: ¡Cómo eran jóvenes muchos de aquellos españoles del exilio del treinta y nueve! Al llegar a México mi padre andaba por los 44 años, José Gaos, viejo amigo de mi padre en días madrileños, tenía unos 38 años, Nicol, unos 32 y Adolfo Sánchez Vázquez, unos 25 ó 26.

Algunos hechos más.

Había nacido Joaquín Xirau en Figueres, capital del Alto Ampurdán, esta tierra luminosa que de los Pirineos, valle tras valle, llega al mar, a lo que Nicolau d´Olwer llamó, en un hermoso libro, El pont de la mar blava (el puente del mar azul). Este mar que con sus hermanos Joaquín Xirau había navegado repetidamente: remo, vela, muy escasamente motor. En Figueres, había sido su profesor de lógica Antonio Subías Gonzalvo, padre de Pilar Subías, la que sería mujer de Joaquín.

Estudios universitarios en Barcelona, doble doctorado en Madrid (tesis sobre Leibniz en Filosofía y sobre Rousseau en Derecho). Conoció allí a Zubiri, a Gaos, a García Morente y, sobre todo, a Ortega, cuyas conferencias seguía con atención sin comulgar con muchas de las ideas expuestas. Decisivo fue en Madrid su encuentro con Manuel Bartolomé Cossío, su verdadero maestro. Cossío, muchas de cuyas ideas -las de la Institución Libre de Enseñanza influirían, sin duda, en las ideas pedagógicas de Joaquín Xirau. En Barcelona, sus actividades más plenas: relación entre filosofía y psicología, dirección del Ministerio de Cultura, profesorado en la universidad, de cuya Facultad de Filosofía fue Decano de 1934 hasta el final de la guerra en 1939, y contribuyó, junto a su hermano, José Xirau, jurista, y su gran amigo Pedro Bosch Gimpera, a la sazón Rector, en lograr la autonomía de la Universidad.

Pero hay que recordarlo también como maestro. Daba sus clases con energía y entusiasmo; impartía sus seminarios con gran exactitud y sumo rigor. Así lo recuerdan sus discípulos de España, de Inglaterra y especialmente de México. Bernavé Navarro es hoy y aquí un buen testigo.

Año de 1937. Congreso Internacional de Filosofía y de Estética en París. El Primer Ministro Negrín pidió a Joaquín Xirau que representara a España en uno y otro acto. Mi padre contestó que el representante debía ser Ortega, Fue a verlo, no pudo convencerlo y así aceptó la representación española en aquel París donde tenía tantos amigos. Aquel París de la Exposición Internacional con el Pabellón de España, obra de José Luis Sert, con el surtidor de mercurio en la entrada, obra de Calder, con obra de Miró, con el "Guernica" de Picasso y, también de éste, el "Sueño y mentira de Franco".

Sea aquí un paréntesis que espero revelador. Estamos en el año de 39, en los últimos días de la guerra civil en Cataluña. Lo que aquí resumo proviene de una carta que debo a Enrique de Rivas, dirigida por mi padre a Don Manuel Azaña - ambos ya en el exilio el 6 de febrero de 1939. La carta empieza recordando "la vieja amistad" con el Presidente, recuerda que la Universidad de Barcelona funcionó "normalmente" hasta el final. Joaquín Xirau había sido repetidamente invitado para salir de España desde 1937, por México, París, Buenos Aires, La Habana. No quiso aceptar nada durante la guerra porque como dice, pensó que era su deber "no aceptar ningún privilegio personal" ante "el profundo sufrimiento de nuestro pueblo". El 23 de enero de 1939, ya a punto de caer Barcelona, el doctor José Puche, gran amigo, puso a su disposición una ambulancia en la que iban varios profesores, entre ellos Enrique Rioja, Don Antonio Machado, "ya casi paralítico" y madre nonagenaria. Después de lo que en la carta Joaquín Xirau llama una "odisea" -filas de gente y coches, bombardeos... - pasaron la frontera. Don José Giral, a quien encontraron por casualidad, les dio 300 francos y, ya solos con los Machado, fueron de Cerbére a Collioure, donde quedaron - ¡ya tan cercana la muerte! Don Antonio y su madre. Al final de la carta dice Joaquín Xirau que algo debe hacerse con los exiliados, aunque escribe: "yo no sé qué ni dónde, ni cuándo ni cómo". Termina la carta diciendo: "Me limito a ponerme a su disposición para que se sirva de mí en lo que crea necesario". Don Manuel estaba enfermo. No tardaría ya mucho, todos lo sabemos, en morir.

Los primeros años del exilio fueron duros. Separación de España, de su tierra ampurdanesa y, tal vez, sobre todo, de sus padres que se habían quedado en su Ampurdán. A pesar de todo, Joaquín Xirau era animoso. Pronto percibió la importancia de los humanistas del XVI en México -principalmente de Vasco de Quiroga, Ya en México, a unos dos años de haber llegado, escribía a un amigo norteamericano:

Llegué a México en agosto de 1939,con el alma deshecha por la magnitud del desastre espiritual. México ha sido para mí una verdadera resurrección.

Era el México de Don Alfonso Reyes, de Lázaro Cárdenas y, debo repetirlo, de sus discípulos, dos de los cuales estamos hoy aquí.

En México su actividad fue múltiple: la Casa de España -hoy Colegio de México, la Facultad de Filosofía y Letras, el Liceo Franco Mexicano, donde fundó la clase de "Philosophie", el IFAL, del que fue uno de los fundadores, y el Instituto Luis Vives. Viajes en el país: Cuernavaca, Acapulco, Veracruz, con aquellos portales donde se reunían frecuentemente españoles del exilio, y Michoacán: Morelia, Uruapan, y ante todo Pátzcuaro, el de Vasco de Quiroga, todavía presente en aquel paisaje de breves lanchas con alas de mariposa, el de una utopía que casi tuvo lugar. Y el recuerdo de Tomás Moro, de Erasmo, de Juan Luis Vives, sobre quien Joaquín Xirau escribiría muy pronto.

¿Su filosofía? Tendré que decirlo en pocas palabras. Se encuentra en L´amor i la percepció dels valors, publicado en Barcelona, Amor y mundo, en Lo fugaz y lo eterno y, libro póstumo, Vida y obra de Ramón Lull. Filosofía y mística.

La filosofía de Joaquín Xirau es, esencialmente, una filosofía del amor y una filosofía - también una pedagogía -, de los valores.

Aun cuando Joaquín Xirau era asiduo lector de Max Scheler, no concordaba siempre con el pensamiento de éste. Para Joaquín Xirau el ser y el valor no son entidades separadas. Están siempre en relación viva y dinámica, son, por así decirlo, relacionales. Ser y Valor se relacionan para que el Ser adquiera valor y el Valor adquiera ser. Esta relación se alcanza mediante el logos y principalmente mediante eros o, más exactamente, mediante la caridad, esta charitas acerca de la cual había escrito, con valor, durante la guerra de España en la revista Madrid, la revista de Machado y de Ignacio Bolívar. Escribe Joaquín Xirair "La actitud amorosa es una realidad específica e irreductible". Y añade que tal conciencia muestra "abundancia de vida interior... El amor es claridad y luz. Ilumina en el ser amado sus recónditas perfecciones y percibe en unidad sus valores actuales y virtuales''. También de carácter amoroso debe ser la educación para "alimentar" y fomentar", las "fuentes de vida", es decir, "para vivificar el espíritu".

La filosofía de Joaquín Xirau fue siempre obra de vida. Así lo veía él mismo en las páginas de Lo fugaz y lo eterno. Con la conclusión de este libro - vida que es pensamiento, pensamiento que es vida-, concluyo las mías. Dice Joaquín Xirau:

La vida es movimiento, riesgo, anhelo, entrega. Vivir es trascenderse y buscar en los ámbitos del mundo algo que haga la vida digna de ser vivida. Es posible que filosofar sea entonces no vivir. Pero en esto la filosofía coincide con la vida misma. También la vida plenaria es constante "no vivir", desvivirse y proyectarse más allá de la propia existencia en su afán insaciable de salvación. Y en este caso filosofar es vivir; vivir es filosofar.


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