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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1995

EN MEMORIA DE JOAQUÍN XIRAU*

Author: Leopoldo Zea [Nota 1]


*Homenaje del Centenario del Nacimiento (1895-1995) de Joaquín Xirau (1895-1946), realizado el martes 22 de agosto de 1995, en el Ateneo Español de México, A.C. organizado por el Ateneo y la familia Xirau.

Recordárnos la fecha del nacimiento del maestro Joaquín Xirau, cien años, 51 años después de su nacimiento, en trágico accidente. Con su muerte desaparecía uno de los destacados transterrados que la Guerra Civil en España trajo a México, Semanas antes había muerto el maestro Antonio Caso, que recibió fraternalmente a los transterrados. En México, en la Universidad Nacional, continuó la obra que había realizado en España y que no debería quedar trunca. Tuve el privilegio de contar a Joaquín Xirau entre los maestros que me formaron para el no fácil campo de la filosofía. El mismo privilegio que me permitió tener como maestro exclusivo a quien contribuyó a mi plena formación en este campo, José Gaos.

Recuerdo a ambos, tan distintos el uno del otro. Sin embargo, sus filosofías coincidían en ese afán por continuar en América lo que había quedado 'trunco en España. Aún recuerdo las palabras de Xirau al dirigirse a sus alumnos y posibles discípulos en México: "tienen ustedes los mismos ojos brillantes e inteligentes de mis discípulos de Barcelona. Mi mayor alegría es ver en sus ojos, porque sé que aquí podré continuar la obra allá truncada". Gaos, en sus Confesiones, habla del puente que se estableció entre los que fueran sus discípulos en España y los que se estaban formando en México. Xirau no tuvo el suficiente tiempo para conocer el arraigo y desarrollo que encontró su obra entre los jóvenes mexicanos. Gaos sí alcanzó a captarlo, tuvo más tiempo, aunque no el suficiente para conocer con plenitud el afloramiento de su transtierro y los cambios en España. Al hablar Xirau con nosotros, sentíamos que seguía añorando los discípulos que había perdido en España y que ahora se entregaba a nuestra formación en México.

Es importante que a los cien años de su nacimiento y cuarenta y nueve de su muerte, se le recuerde y haga un balance de lo que quiso, pero no alcanzó a ver, por causa del trágico accidente que cortó las posibilidades de un más amplio desarrollo de su magisterio. Joaquín Xirau es ya parte imprescindible de la cultura mexicana. A ella se incorporó, como se incorporó la filosofía que otros transterrados ayudaron a formar en México, completando la obra de los mexicanos Caso, Ramos, Vasconcelos. Obra en el transtierro que, a veces, pudo ser sentido como destierro. Con ellos se fue formando el filosofar hispanoamericano, en el que se integraban los esfuerzos de los pensadores de uno y otro lado del Atlántico. El hispanoamericanismo ampliado es reconocido como iberoamericanismo, integrando toda la Península Ibérica con la América que se autodesignó como Latina.

Joaquín Xirau habló e insistió en una España distinta de la España de los conquistadores y colonizadores, de los Cortés y los Pizarro. Habló de la España de los Vitoria, Suárez, Vives y Las Casas. La España luminosa del humanismo, distinta de la España oscura de la inquisición y del imperio. De la España buena y la España mala, habló Xirau. Habló también de un sola y gran España Ibérica y americana. La España cuyas luces y voces habían sido varias veces apagadas por el despotismo, nada dispuesto a ver en la España al otro lado del Atlántico la prolongación de sí misma. En esto coincidía con Gaos, que habló de la lucha de España al uno y otro lado del Atlántico para liberar a los españoles de ambos continentes. Liberarlos del oscurantismo, de la represión. La misma represión que truncaba la obra de los Xirau y los Gaos en la España Peninsular pero que emergía en América, la Nueva España.

La presencia creadora, constructiva, del transtierro español en México y el resto de América Latina que puso fin a los recelos de una América que no quería llamarse española, decía José Vasconcelos, porque no olvidaba la sangre que en esta región había corrido, en su lucha contra la injusticia. Prefería llamarse latina, ya que lo latino se incorporaba a la España que a pesar de su arrogancia se había integrado y mezclado en esta región del mundo, originando una nueva y rica expresión de lo humano, abierta a las múltiples manifestaciones étnicas y culturales del hombre por excelencia.

No sólo en América, también en la península española se había dado la misma lucha. En América, y en esto coincidía Xirau con Gaos, los Bolívar, Morelos, San Martín, Sucre y O'Higgins habían vencido a la España despótica, lo que aún no se había logrado en la Península Ibérica, que había luchado, aunque inútilmente, contra el mismo despotismo para ser vencida una y otra vez. Por ello en la Nueva España de los Bolívar y Morelos., los transterrados y los seguidores de los Vives, Vitoria y Suárez encontraron no sólo asilo, sino campo abierto para continuar en América lo iniciado en España. Alguna vez la España unida, buena, triunfaría sobre la otra España. Esto se logró al morir el último represor de la España en lberia. Es de sentirse que los maestros de Xirau y Gaos, y los que como ellos continuaron su obra libremente en América, no hayan podido ser testigos del triunfo en España del espíritu que había triunfado en América.

Este recuerdo corunernorativo coincide con el Primer Centenario del inicio de lo que se puede llamar la reconciliación de la España al uno y otro lado del Atlántico, en 1898. Pronto serán 100 años que la España imperial y colonial dejó definitivamente de existir, agredida por el imperio emergente en esta América de Estados Unidos, empeñado en ocupar los vacíos de poder de los viejos imperios europeos. La inteligencia latinoamericana de ese tiempo, como Martí y Rodó, seguida por los Vasconcelos y Reyes posteriormente, celebraron la derrota imperial española que ponía fin al obstáculo que impedía que pueblos de una misma raza y cultura, mestizada con otras razas y culturas, se uniesen en la búsqueda de un destino común. Pero condenará la agresión como una agresión a la América Española.

Joaquín Xirau es parte de esa reconciliación que se amplió con su llegada y la de sus pares a este continente, poniendo fin a la desconfianza y prejuicios impuestos por el largo coloniaje. Xirau, de vivir, podría ver en los discípulos que formó en América y en los discípulos de estos discípulos, lo que añoraba recordando a los discípulos que había dejado en España.


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