©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1995

RECUERDO DE UN MAESTRO*

Author: Ricardo Guerra[Nota 1]


* Homenaje del Centenario del Nacimiento (1895-1995) de Joaquín Xirau (1895-1946), realizado el martes 22 de agosto de 1995, en el Ateneo Español de México, A.C. organizado por el Ateneo y la familia Xirau.

A principios de 1946, recién inscrito en el segundo año de la carrera de filosofía, tuve la ocasión de asistir a las clases que impartía Joaquin Xirau. Al poco tiempo murió en un accidente. En un mes o dos que duró su curso, conocí a un maestro preocupado no sólo por el tema, Descartes y la filosofía moderna, sino especialmente por la comunicación real con los alumnos.

Joaquín Xirau era maestro en el sentido más estricto. Enseñaba filosofía, es decir, proyectaba lo que hay de profundo en el pensar, a partir en este caso de Descartes. La relación con él no era, ya de inmediato, abstracta o profesional. Se abría al diálogo y a la comunicación con alumnos que apenas empezábarnos e incluso dudábamos aún de la importancia de la filosofía para nosotros. Comunicar con entusiasmo lo más profundo de la actitud cartesiana, la crisis y el inicio del pensamiento moderno, era transmitir lo que podía ser la actividad filosófica seria y radical. Lo importante era la formación.

Muy poco tiempo bastó para despertar y reforzar nuestro interés y nuestra vocación. No podíamos avanzar mucho, pero descubrimos la relación con un maestro. Más tarde me dí cuenta de su importancia en mi proyecto personal de dedicarme a la filosofía.

Joaquín Xirau se caracterizó, entre otros méritos y virtudes intelectuales, por ser un maestro en sentido antiformal y antiburocrático. La comunicación, el orientar y formar al alumno eran lo fundamental. En su Seminario, o en reuniones con estudiantes avanzados en su casa, desarrollaba aún más ésta actitud y capacidad de diálogo.

Su estilo y manera de ser, maduros ya desde su vida en Barcelona, se afirman con el viaje y el exilio. Vivir la filosofía y la enseñanza como más allá de la erudición o de la burocracia, determina tanto su obra como su actividad de pensador y maestro. No lo es en el plano oficial y limitado de los modelos imperantes, sino en el campo de la filosofía como formación vital, profunda.

Su vocación y madurez le permitieron vivir el exilio de manera distinta y peculiar. No lo asumió en forma neutra o accidental. Se propuso conservar su tradición catalana, hispánica, e incorporar la tradición cercana pero distinta de Iberoamérica y de México. Lo hace en forma auténtica y radical. El exilio no impide al maestro de filosofía la comunicación abierta y profunda con los demás.

Para Joaquín Xirau la comunicación es participación e integración. El exilio no tiene las implicaciones de desgarramiento o rencor tan difíciles de superar. La verdadera apertura, la tolerancia, implica el respeto a la libertad y a las diferencias. Vivir el exilio fue instalarse en este mundo distinto y cercano, participar en los proyectos de vida y en la realización de los demás. Joaquín Xirau fue maestro en el sentido verdadero y profundo.


Inicio del artículoRegreso