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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1995

Dos


El segundo paradigma de la representación colonial y postcolonial de América no es teológico ni metafísico, sino antiescolástico, empiricista, racionalista, progresista y tecnocientífico. Una representación de esta nueva concepción la ilustraba el pintor flamenco Jan van der Stract que, en 1576, publicó una serie de grabados en torno al descubrimiento de América, bajo el elocuente título de Nova Reperta Uno de estos grabados muestra una colección de objetos diversos: la imprenta, una brújula, medicinas, el cañón... y, en medio de todas ellas el continente americano.

La nueva representación de América ya no era heroica, ni apelaba a un principio teológico o metafísico, era empírica y democrática, equiparaba el continente a cualquier otra invención de las ciencias pragmáticas, y se basaba en un concepto productivo del conocimiento y del poder. La construcción conceptual moderna de este nuevo discurso tecnológico y económico de la colonización americana fue formulada por el filósofo Francis Bacon, en su tratado Novum Organum de 1620.

El frontispicio de esta obra muestra, en un primer plano, las Columnas de Hércules. Es el símbolo de un ultrapasado límite mitológico, y, con él, de un distanciamiento de la concepción clásica del universo. Pero también es el símbolo de virtudes y potencias heroicas, ligadas a los antiguos "trabajos" fundacionales de la civilización clásica. Tras aquellos límites míticos dos carabelas navegan a mar abierta con sus velámenes henchidos. Es una escena odiseica que rememora la voluptuosidad de la aventura y el afán de nuevas experiencias y riquezas. Una de las naves ya rompe con su proa las aguas que separan el límite simbólico entre el Viejo Mundo y el océano infinito. Al pie del grabado la leyenda reza: "Multi pertransibunt & augebitu scientia Es una cita del libro de Daniel en el Antiguo Testamento. "Muchos pasarán, y la ciencia avanzará..." La sabiduría o la ciencia del Libro, a la que aludía la profecía de Daniel, es sustituida ahora por la empresa de los descubrimientos.

De acuerdo con Francis Bacon, existía un vínculo interior y una solución de continuidad entre la exploración intercontinental y la Luz" del conocimiento inductivo como principio de dominación y producción. En la Antigüedad -escribía el filósofo-, cuando la filosofía solamente era capaz de acceder a un conocimiento deductivo, se conocía muy poco del globo terráqueo. Las navegaciones apenas alcanzaban los límites de un mundo doméstico y cotidiano. No había, por consiguiente, la posibilidad real de un conocimiento basado en la experiencia, es decir, en la confrontación con lo nuevo y desconocido.

La moderna inducción tiene, en cambio, según las palabras de la citada obra, "un alcance universal. Su "método de interpretación ... dirige al espíritu de tal manera que por doquier pueda penetrar la esencia de las cosas". El método científico se convierte en el principio de la nueva universalidad de las empresas de conquista tecno-científica. Una universalidad que, a su vez, reformulaba, en sus categorías de progreso de la dominación humana, aquel mismo principio salvacionista que había distinguido el ideal cristiano de un universo integralmente convertido.

Todo ello se coronaba, en el Novum Organum, con un significativo comentario sobre los indios de América. Su naturaleza, una vez más, era definida negativamente. Pero la inferioridad del sujeto colonizado no se desprendía ya de sus pecados nefandos, ni de su gentilidad, a diferencia de la teología de Sepúlveda y de Acosta. Lo que los condenaba a la servidumbre era la imperfección de su conocimiento ligado a los "ídolos". Y era, asimismo, el resultado del carácter subsecuentemente 'suburbano' o local de sus formas de conocimiento, o sea, su carácter no crítico-empiricista.

Ciertamente no ha sido este paradigma científico e ilustrado el que la España moderna de los Habsburgo, o de los Borbones esgrimió para hacer prevalecer sus intereses hegemónicos sobre América. Incluso escritores que en la cultura española han merecido el nombre de ilustrados, como el padre Feijoo, mantuvieron tina restricción estricta sobre el escepticismo gnoseológico y el empirismo de la filosofía científica moderna ante las últimas verdades, reservadas a la jurisdicción teológica de la Inquisición o la jurisdicción metafísica de la escolástica. El momento antimetafísico de la epistemología científica moderna ha sido sentido por la conciencia española más bien como una amenaza a su principio espiritual de dominación, por lo menos hasta el pensamiento de Unamuno.

Por otra parte, la perseverancia del tradicionalismo español, desde Gines de Sepúlveda hasta Ramiro de Maeztu, en aquella visión metafísica y ética del mundo, contra la moderna concepción empirico-racionalista ha distinguido históricamente el atraso español en un sentido tanto tecno-económico como filosófico y social. Y lo ha distinguido precisamente como una categoría que comprende primero la llamada "leyenda negra", es decir, el relato protestante y liberal sobre el despotismo y la crueldad de la monarquía católica española, y, más tarde, el discurso de la civilización industrial y moderna sobre el subdesarrollo de las culturas hispánicas en general.

Tan sólo en el contexto de los eventos mediáticos agrupados en torno al Quinto Centenario de 1992, el progresismo español llegó a romper la continuidad histórica del tradicionalismo nacional-católico a este respecto. Sólo en este contexto se llevó a cabo la sustitución de las categorías heroicas y teológicas de la conquista y la colonización cristianas de América por la representación postmoderna de una modernidad tecnocientífica, mediática y espectacular. Y sólo en este contexto la ejemplaridad y el predominio españoles en relación a América suplantó sus anacrónicos emblemas castizos por los modernos signos de un indefinido descubrimiento, homologable y homologado con los descubrimientos científico-técnicos, en la era de los descubrimientos.


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