©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1995

3. Fortalecer la sociedad civil


Hay una suerte de coincidencia o consenso entre los analístas políticos a la hora de apuntar soluciones para la crisis actual: urge fortalecer la sociedad civil[Nota 10] No se podrán frenar las patologías del desarrollo económico, del poder del Estado, de lo militar o tecnológico, como tampoco de las disfuncionalidades funcionalidades de la educación, la sanidad, el consumo o el tráfico, por no hablar de los problemas de la inmigración, la droga o el sida, sin la participación responsable de los ciudadanos. Estos problemas colectivos exigen para su buen tratamiento una actitud participativa y solidaria de los ciudadanos. Y esto requiere la revitalización de ese " espacio de asociación humana sin coerción, o esa trama de relaciones formada en nombre de la familia, la fe, los intereses y la ideología, que llenan este espacio" denominado sociedad civil.[Nota 11]

A la hora de las propuestas concretas para una movilización de¡ capital moral público de una sociedad, tanto neoconservadores como comunitaristas o teóricos críticos miran hacia las denominadas estructuras intermedias. Parece que por aquí se puede asegurar la elevación de la responsabilidad ciudadana: generalizar la capacidad de compromiso de las reglas consideradas como válidas e implicar en ellas a los ciudadanos. Las estructuras intermedias gozan de la capacidad de dotar a los individuos de una relación directa, cara a cara, que satisface los deseos de participación y reconocimiento personal en una sociedad dominada por los sistemas y las lógicas anónimas. Eliminan así el temor y proporcionan la seguridad respecto a los comportamientos de futuro. Dotan de esta manera a los individuos de un vínculo temporal y de sentido, que convierte a dichas asociaciones o estructuras intermedias en ámbitos de participación comunicativa y de intercambio de información y de reflexiones sobre las preferencias sociales, los valores, cte. Es decir, se convierten en viveros de reflexión pública no falseada estratégicamente y de vehículos de educación, de transmisión de valores y comportamientos.

Pero, tampoco hay que ocultar la ambigüedad que recorre a estas estructuras intermedias: se pueden incurvar sobre sí mismas, sobre sus intereses particulares o localistas, o sobre determinadas tradiciones o interpretaciones restringidas, cercenando así la capacidad de generalización y de avance hacia unos intereses y una teoría moral universalizables.

No se discute que uno de los lugares donde se generan estas cstructuras intermedias es el ámbito de la religión. Tradicionalmente se le ha considerado como el portador social del sentido por excelencia. Le corresponde a la religión, por tanto, ser uno de esos posibles espacios de formación de actitudes y valores, de vinculación entre los individuos y de orientación en los comportamientos. Pero, como ya hemos indicado, le rodea la ambigüedad, quizá más que a ningún otro de los generadores y portadores sociales de sentido y de comportamientos éticos. Vamos a detenernos en las potencialidades de la religión como ámbito para la revitalización de la sociedad y de la ética civil.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente