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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1995-1996

JOSÉ E. ITURRIGA, LA ESTRUCTURA SOCIAL Y CULTURAL DE MÉXICO

Author: LUZ MARÍA SILVA


José E. Iturriaga. La estructura social y cultural de México, 1994, México, NART.C.E., Segunda edición, 254p. ISBN 968-16-4506-5

A principios de los cincuenta, cuando José E. Iturriaga es alto funcionario de Nacional Financiera encabeza el estudio de la estructura socioeconómica mexicana. Además de apadrinar y dirigir el trabajo, contribuye con su libro, pionero en un país en el que aún no se hace ese tipo de estudios y que aún ahora es renuente al autoconocimiento objetivo e integrador. En él, Iturriaga hace gala de una prosa fluída que de ninguna manera está reñida con el análisis estadístico ni con la seriedad metodológica. De tal manera, da las razones del por qué hacia 1950 la sociedad agraria sigue siendo la característica fundamental de la organización social en México, aunque ésta sea muy diferente de la sociedad agraria que existía antes de la Revolución; explica cómo el proceso de industrialización repercute en las esferas de la economía, de las clases sociales, de la urbanización y de la cultura, además de modificar las relaciones entre las tres grandes ciudades de México y el resto del país.

Así mismo, analiza la transformación de la familia, lo que para ella significan los procesos de migración, de industrialización, de urbanización, el de la creciente incorporación femenina a la PEA, la pobreza en un ámbito de crecimíento, el divorcio, la disminución del número de hijos y otros elementos, y las consecuencias que tiene para la sociedad.

El análisis de las clases sociales, lo inicia explicando que su concepto moderno aparece a raíz de dos acontecimientos: la Revolución Industrial y la Declaración de los Derechos del Hombre, que México no se sustrae a la evolución de una sociedad dividida en castas a una separada en clases y que "a pesar de su aparente sencillez", aún no hay coincidencia en la designación de los elementos que permiten distinguirlas, por lo que Iturriaga hace un "trabajo ecléctico toma los elementos de varias escuelas y pasa analizar cuestiones como la capilaridad social ascendente en un país en donde se dan simultáneamente la desigualdad económica y la igualdad política.

Es triste darse cuenta de que, salvo excepciones como La democracia en México de Pablo González Casanova y alguna otra, sigue siendo cierto que "no existe ningún trabajo riguroso que entregue cifras sobre la cuantificación de los miembros pertenecientes a las diversas clases sociales; para ello tendría que contarse con datos exactos de la verdadera distribución del ingreso nacional por familias - no per capita - y juntamente con el dato económico, insuficiente en sí mismo, habría que tener a la mano una. serie de informes relativos a hábitos de educación, costumbres y grados de conciencia social de las diferentes capas de la población."

a partir de datos demográficos y económicos censales y' de otras fuentes, de acuerdo con relaciones tan básicas como ocupación y número de miembros de la familia, Iturriaga hace una serie de cálculos y se aventura a establecer el porcentaje de la población que pertenece a cada clase social en 1940:1.05% de clases altas, 15.87% de medias y 83.08% de populares (bajas). Para cada una de ellas, hace un análisis de las causas de su surgimiento, de su evolución, de la dinámica de su crecimiento en sí misma en relación con las otras clases y de sus diferencias, en varios periodos comprendidos entre el porfiriato y 1950.

Luego analiza cómo la industrialización, las grandes inversiones en infraestructura agrícola y otras políticas están impactando en la estructura de clases y en la conformación de los grupos sociales, a los cuales se ingresa por causas políticas y económicas tan diversas como puede ser la actuación de las ligas agrarias, en el caso de los campesinos; de la industrialización; de las organizaciones obreras, su ideología y contactos internacionales en el de la clase popular en la ciudad; el de la cultura, la inversión extranjera, los ferrocarriles, el auge petrolero, la reforma agraria y la segunda guerra mundial, entre otras, en el de las clases medias; y de la creación de conciencia de clase, los cambios profundos en el sistema de propiedad, la industrialización, la formación de organismos específicos, la política de aranceles, el crecimiento de la banca, y el proceso de urbanización, en el de las clases altas. El autor no se queda ahí: hace comparaciones con otros países y plantea los impactos y consecuencias de la transformación de los grupos que conforman cada clase.

Después hace un análisis profundo de las razas en México, de la mexicanidad de nuestros indios, de sus idiomas y dialectos, del problema indígena y del mestizaje, para posteriormente referirse a la afluencia de extranjeros a México y su ¡importancia demográfica, cultural, económica y linguística.

Especial interés merece el capítulo de las religiones, que divide a la población en cuatro estratos: el que practica el catolicismo (73.69%); el de las religiones precoloniales (6.29%), el de las religiones distintas a las dos anteriores (1.18) y el que no practica culto religioso (2.26). A estos, les agrega 2% de error y 14.58% de niños menores de 4 años. También en este capítulo hay comparaciones internacionales interesantes, especialmente con EUA y Canadá, hoy nuestros socios del TLC.

E l tratamiento que hace del tema de la educación es más completo de lo que suele hacerse, pues aborda tanto lo escolar, como el renacimiento cultura mexicano es la época de estabilidad que le toca vivir: música, literatura, artes plásticas y ciencias, y de las formas de educación colectiva: libro, del que hace sesudo análisis; prensa, de la que analiza y reseña su larga tradición; espectáculos: cine, teatro, deportes, plazas de toros, de gallos y carpas; y del radio, todos ellos "instrumentos democráticos por naturaleza", entre los que aún no se cuenta la televisión, pues en ese tiempo no existe en México.

Finalmente, aborda el tema del carácter del mexicano, tan de moda en aquellos tiempos. Su punto de vista no es sólo psicológico, sino geográfico histórico y sociológico. Habla de un ser rico en contrastes, de los cuales uno es notable: "el que se advierte entre su acritud y violencia, por un lado, y su fina delicadeza y capacidad de ternura por el otro." De igual forma, observa que: "en oposición a lo que se cree, el mexicano no es gregario sino individualista profundamente individualista y, en consecuencia, carece a menudo de espíritu de colaboración [lo que le dificulta] trabajar creadoramente en equipo." Después de analizar otros rasgos, menciona que "el mexicano es improvisado; mejor aún, se distingue por su sorprendente facilidad para hacer lo que previamente desconoce Todas estas generalizaciones, como él dice, las correlaciona con actitudes socioeconómicas antes de pasar a analizar los contrastes entre el mexicano del interior y el de otras regiones del país, para terminar con una promesa aún incumplida:

"No es necesario insistir en que muchos de los ingredientes caracterológicos que aparecen hoy como privativos del mexicano son susceptibles de desaparecer tan pronto se modifiquen las condiciones económicas, políticas y sociales que propiciaron su creación. Y pese al balance formulado, aparentemente desfavo rable,, hay que afirmar con énfasis una cosa: el mexicano esconde una gran fuerza espiritual; a veces la desdeñamos o no la vemos; mas ella nos permitirá seguí siendo nosotros mismos, y es la que rescatará nuestra vigorosa personalidad nacional y la que nos empujará a ascender hacia un sitio de mayor jerarquía er la historia. Esta fuerza es en la que confían muchos pueblos latinoamericanos y en la que debemos confiar nosotros con mayor razón."

LUZ MA. SILVA

Departamento Académico de

Estudios Generales, ITAM


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