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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1995-1996

Latinoamérica, su vaciamiento y sus simulacros


El contínente vacío de Eduardo Subirats es un trabajo en el que, desde la primera página, se advierte la decisión de la escritura como resistencia activa. Abre el recuento del desastre y el horror a través de la lógica de la colonización" ejercida sobre el Continente Americano como expolio no sólo económico, sino de la imaginación de las formas de vida específicas y la imposición de un principio de identidad particular que se autopostula como ley universal desde hace cinco siglos. ¿Qué es desde entonces América Latina, cómo sobrevive en el nuevo orden de una guerra santa transformada en guerra interior, puede en verdad hablarse de una identidad latinoamericana? ¿Se relaciona su carácter de alguna manera servil con la inmovilidad y el miedo que, en una reacción autista, atrapa al sobreviviente de los campos de concentración analizada por Bettelheim en La fortaleza vacía?

Algunos momentos fundamentales o constituyentes del "continente vacío", a decir de su autor, son la definición negativa de las condiciones universales de la racionalidad del progreso moderno: la cancelación de la memoria histórica, la eliminación de los lenguajes comunitarios, la destrucción de su entorno natural, de su subsistencia efectiva y de las condiciones reflexivas de su propia experiencia mágica, mimética o sagrada.

Se trata de un libro fundador, en el sentido de que, más allá de la denuncia simple, asume el compromiso teórico de desmantelar las causas del desasosiego por su origen, cuando comenzó en su versión histórica- moderna el vaciamiento de todo un continente. Sin concesiones y sin prejuicios nacionales apologeticos, Eduardo Subirats hace una relectura exhaustiva, tanto de las crónicas españolas de la conquista, como de los textos que la debatían, de los Colloqvios y doctrina cristiana dictados por los primeros franciscanos que llegaron a México, hasta los últimos sacerdotes nahuas de la destruida Tenochtitlan en 1524, así como de las crónicas indígenas de Guaman Poma, de Titu Cusi y, especialmente, del Inca Garcilaso, de la que este libro se pretende un homenaje complejo y sugerente.

Sin descuidar la lectura crítica de los ensayistas actuales más destacados - López Austin, Bartra, O'Gorman, José Luis Martínez, Miguel León Portilla, Guillermo Bonfil, etc. - el estudio de Subirats incursiona en el desastre con la intención de señalar sus momentos fundacionales; desde el descubrimiento del Nuevo Mundo, cómo logró implantarse un proyecto de dominio y racionalización que afecta el destino de todo un continente desde hace quinientos años. Su trabajo resulta aleccionador a ambos lados del océano. Enfrenta a España a reconocerse como lo que es, la representante de un proyecto que no puede avanzar sin reducir los que encuentra a escombros, sin la conquista teológica de los judíos, de los árabes y de los indios, a la vez que ella misma es inconcebible lo que también se niega a ver - sin esta mezcla cultural. Constata el autor:

" ... el proyecto civilizador ... desde las cruzadas medievales y el llamado descubrimiento del Nuevo Mundo destruyó las realidades comunitarias de una Europa cosmopolita, pluriétnica y plurireligiosa en beneficio de un proyecto político universalista y radicalmente uniformador: la civilización cristiana, o más bien el orbis christianus, cuyo nombre y significado modernos se formularon precisamente en el contexto de la polémica humanista en torno a la Conquista y cristianización del Nuevo Mundo... La destrucción de las comunidades históricas europeas ha sido un proceso que, bajo los nombres contemporáneo de racionalización y modernización, se ha sucedido de hecho hasta el día de hoy. Y si se echa una rápida mirada sobre la suerte histórica de la América colonial y poscolonial, la cuestión de destrucción de comunidades y del vaciamiento de sus culturas históricas adquiere un sentido inevitablemente más drástico y dramático, pero no cualitativamente diferente de la propia destrucción de la Europa cosmopolita en los albores de la Edad Moderna".[Nota 1]

Para América Latina las páginas de este libro abren un horizonte necesario. No se puede seguir esquivando la mirada haciendo caso omiso de la miseria, degradación, estupidez, servilismo y terrorismo físico y psicológico que conforman los rasgos de un México siniestro - expresados tanto en los comportamientos y actitudes grandilocuentes, alternativamente hipócritas y cínicas de los gobernantes, como en el clima reinante de los de abajo los humillados y ofendidos que cultivan la mala conciencia de la corrupción como un valor entendido e insuperable entre su exaltado auto-elogio y amarga autoconmiseración y el estar siempre dispuesto a la arribista descarga del resentimiento.

Un análisis serio de la realidad latinoamericana obliga a desmontar críticamente y desde disciplinas diversas la economía y la política, pero también la filosofía y las artes, el proyecto industrial y el discurso apologético del Estado nación dominante en todas las esferas y el marco de sus proyectos modernizadores con el que espontáneamente coinciden desde la más "radical" oposición marxista cristiana hasta la recalcitrante derecha autoritaria dentro del consenso público nacional de las alternativas económico políticas existentes conformando una muralla casi impenetrable, avasallante, en torno a la falacia de la "identidad propia" en el contexto de globalización racionalizante de los dispositivos modernos que la apuntalan: aparatos institucionales, medios de comunicación, militarismo, industria capitalista y mercado.

El título de este estudio, que parafrasea el del ensayo de Bruno Bettelheim, La fortaleza vacía, no es casual. Está basado en una experiencia patética y permite al menos un paralelismo sugerente entre el proceso de desintegración de la persona en situaciones extremas y la reducción y empobrecimiento dilatado de un continente desde el día cero de la conquista americana hasta nuestros días: <,cuando lo real se vuelve amenazante, la existencia individual abandona su experiencia".

Los trabajos clínicos de Bettelheim con niños autistas y prisioneros del nacional socialismo europeo muestran cómo la angustia fuerza a la persona a buscar una seguridad mínima reduciendo su contacto con el exterior. La hostilidad del medio eleva la ansiedad y el miedo, incluso hasta una ruptura con el exterior que puede hacerse completa. El individuo se refugia en una pasividad casi absoluta y la insensibilidad parece ser entonces el único medio para aliviarnos" (Bettelheim). La personalidad herida sólo percibe el contacto con la realidad deformadamente, a través de procesos psíquicos desorganizados, cancelada por la angustia y a través de la distorsión y destrucción de su experiencia de las cosas y de sus semejantes. En los símbolos de su lenguaje manifiesta, sin embargo, la búsqueda intensa de una identidad. En el caso de la experiencia alucinante de los prisioneros en los campos de concentración, su preocupación por la identidad se traducía en una preocupación obsesiva por el enemigo y en un deseo deformado por agradar a las autoridades y subordinarse a sus deseos. "Cuanto mayor es la destrucción y la angustia, más inmensa es también la necesidad de abrazar esa identidad y el código de comportamiento a ella ligado, que precisamente impone la instancia que lo amenaza". El anhelo de salvación profundiza,. por esta vía, complementaria e indirecta la herida y la misma destrucción de la personalidad hostigada por el mundo exterior.

¿Qué relación guarda este modelo psicoanalítico de interpretación del autismo infantil y de los campos de exterminio creados por los totalitarismos contemporáneos con una investigación sobre el descubrimiento de América, la "aculturación" del indio, o la "evangelización" de su universo natural y social? La metáfora infantil y del demente fue usada por sobresalientes tratadistas-y cronistas cristianos para legitimar sus estrategias de avasallamiento y destrucción, desde Francisco de Vitoria hasta Motolinia, Las Casas y Acosta. El autor de este trabajo no se propone hacer este tipo de extrapolaciones. No es su intención encontrar el vínculo entre los campos de trabajo forzado y de exterminio con las reducciones eclesiásticas de indígenas y sus signos de exterminio, adocrinamiento y protección.

Más importante resulta la reconstrucción psicoanalítica de la personalidad autista como "fortaleza vacía" de un Yo de connotaciones absolutas y trascendentes y su relación con los acontecimientos y las circunstancias históricas de la colonización americana, que tratan de estudiarse bajo el concepto de el "continente vacío". El nexo entre la interpretación psicoanalítica y la deconstrucción histórica alude, más bien, a la constitución lógica del "sujeto moderno", el registro del miedo individual y colectivo frente al destino incierto de la sociedad industrial y sus conflictos. Una "fortaleza vacía" es una conciencia mutilada por la experiencia radical de la angustia. Primero: angustia y destrucción; después disolución de la experiencia y cancelación de la propia realidad espiritual, de la persona, de su interacción comunicativa y de su memoria comunitaria; búsqueda compensatoria de una nueva identidad a través de la cual se asume interiormente el discurso del colonizador como verdadero y propio; un proceso real ininterrumpido de destrucción en nombre de la promesa de salvación y su representación institucional.

Una periodización historiográfica de la conquista, observa E. Subirats, debe distinguir tres etapas definidas de acuerdo con un criterio político, militar y jurídico, no menos que simbólico y filosófico.

"En la primera, los signos de lo terrible se mezclan con lo grandioso. Es la edad dorada de los pioneros. Principio heroico y Guerra Santa fundan su identidad sustancial y virtuosa. A continuación la crítica reformista de la servidumbre y la destrucción de las Indias. Por fin, en tercer lugar, la reformulación de las estrategias coloniales de catequesis y sacramentalización de la vida configuran un proceso, una solución de continuidad de valores, concepciones, de vida y formas de dominación y costumbres. A este "discurso" continuado, atravesado por los conflictos y fracasos, pero definido de todos modos por un progreso acumulativo de poder y destrucción, lo llamaré aquí, lógica de la colonización."[Nota 2]

Momentos de una constelación espiritual e histórica negativa, de una lógica de la colonización semejante a la condición límite de la conciencia amenazada del autista llamada por Bettelheim la fortaleza vacía. El trabajo de Subirats quiere mostrar los pasos de la desestructuración de formas de vida por la subjetivación e instauración de una identidad ajena, la implantación, injerto o imposición de un sistema de ideologización de símbolos y valores ligados a un nuevo poder exterior. Éste es el resultado subjetivo del discurso colonizador.

Es importante señalar aquí que la lógica de la colonización a la que se alude se refiere no sólo a la "destrucción de las Indias", al proceso bestial de destrucción espiritual y expolio material del conquistado, sino a su proceso como parte del mismo proyecto civilizador y su instauración en un sistema cristiano de valores. Se refiere tanto a la difusión del universalismo salvacionista del cristianismo, como a la premisa histórica y el hilo de oro espiritual que atraviesa también los significados universalistas del discurso moderno del progreso, desde Francis Bacon hasta su reformulación vanguardista o posmoderna.

Un obstáculo definitivo se abre a la recepción de este ensayo interpretativo de América Latina: la intención polémica y provocativa del adjetivo "vacio" para calificar a todo un continente. Más aún, cuando es el "vacío" el que predomina en los análisis de una época vacía, es decir, cuando el pensamiento reducido a mercancía no abandona las ilusiones de la modernidad como promesas de progreso. El continente vacío sólo pudo ser escrito en disidencia perpetua frente a los señuelos, encadenamientos y estrecheces de los diversos consensos dominantes, nacionales, de nuestro tiempo. Por alguien que no se arredra frente a las murallas geopolíticas del discurso ideológico contemporáneo y se muestra dispuesto, más bien, al fértil desencuentro que al contubernio celebratorio que silencia el genocidio y la muerte del prestigioso encuentro de la eliminación de la concreta y compleja "cuestión indígena". Ante el silenciamiento de los intelectuales de la demócrata "madre patria", es de esperar que aquí, en el imaginario paraíso americano de murallas de maquinación insoportables, este tenaz ejercicio de escritura penetrante encuentre resonancia y no vacío en otras mentes trashumantes y alertas. Si de cara a la paralización de la vida intelectual moderna, el pensamiento negativo no puede desasirse de una conciencia intelectual despierta, es éste el sentido del lenguaje violento, ágil, penetrante y erudito de El continente vacío. Por lo demás, en ningún momento es ajeno al anhelo de restitución de un espacio vital comunitario concreto.

BLANCA SOLARES

Centro de Estudio Básico en Teoría Social, UNAM


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