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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1995-1996

La decadencia del mundo griego a partir de la derrota ateniense


Tras el asesinato del reformador democrático Efialtes en 457 a.c., uno de sus seguidores, de nombre Pericles, iniciaba su exitosa carrera política, la cual no terminaría sino con su muerte en 429 a.c. Con el tiempo, este político ateniense, el más grande estadista de la Grecia clásica, se convertiría en el protector de Protágoras en particular y de las ideas sofistas en general. Este periodo, así como las tres últimas décadas del siglo, constituyen la época en que la sofística se desenvuelve y alcanza su máximo desarrollo. [Nota 39]

La asamblea o ecclesia, el consejo o boulé, los tribunales y otros puestos públicos ocupados por ciudadanos; todas eran instancias democráticas de gobierno funcionando activamente y constituían la realidad política ateniense durante esos años. En este contexto pudo darse el surgimiento y desarrollo de un conjunto de pensadores, pedagogos y críticos sociales como lo fueron los sofistas. La retórica y la oratoria, medios para el debate y la confrontación de ideas que ellos proponían como actividad permanente, se convirtieron en instrumentos idóneos para el desarrollo político y social de la democracia ateniense. [Nota 40] Este aspecto de la política ateniense, novedoso a mediados del siglo V a.c., pierde ese carácter cincuenta años más tarde. A partir de la muerte de Pericles, no surgió ningún líder político que tuviera interés en proteger y promover a los sofistas y sus ideas. Fueron sustituidos por una escuela retórica cuyo interés se centraba exclusivamente en la oratoria. A lo largo del siglo IV a.c. esta escuela, fundada por Isócrates, el retórico más importante de la época, rivalizaría con la Academia platónica por brindar una educación rigurosa a los jóvenes atenienses.

Sobre la casualidad que existe entre el contexto esbozado más arriba y la sofística, Romilly escribe: "Sin una cierta situación material y política, los pensadores, tal vez, no podrían ejercer una influencia realmente amplia; pero, a la inversa, sin los pensadores la situación no evolucionaría de manera tan clara o tan radical."[Nota 41] Esta coincidencia entre una determinada situación socio-política y la sofística nos habla de una causalidad que no sólo no es unidireccional sino que, como con cualquier otro movimiento intelectual, es muy difícil establecer la magnitud de las influencias recíprocas. Lo cierto es que la democracia ateniense constituía un ambiente propicio para el desarrollo de un pensamiento como el de los sofistas y que el cenit de su labor crítica coincide con los años de "mayor vitalidad" de la asamblea ateniense. El uso de la expresión anterior se refiere al hecho de que, a partir del 404 a.c., la ecclesia no volvería a jugar el papel que había jugado desde las reformas de Efialtes. Como ha mostrado Hansen, buena parte de sus poderes, en lo que a política interna se refiere, pasaron a manos de los tribunales y de las comisiones legislativas conformadas por los nomotetés. Esto es lo que el historiador danés llama la "democracia reformada" de, la Atenas del siglo IV a.c., la cual se distanció de los principios democráticos radicales que los atenienses habían seguido el siglo anterior y que habían provocado una serie de crisis políticas y de catástrofes militares que no debían repetirse. [Nota 42]

Diversos factores jugaron un papel importante en los cambios que se dieron en la mentalidad ateniense durante las tres últimas décadas del siglo V a.c.: la guerra con Esparta, la peste que asoló a Atenas al principio de la misma, la guerra civil que dicho conflicto desencadenó entre los atenienses y la desmedida ambición de éstos, no sólo a nivel individual, sino como ciudad rectora de un imperio que mostraba cada vez más un carácter profundamente autocrático. [Nota 43] Los sofistas "de segunda generación", en un contexto social como el que se desprende de los factores enumerados, desvirtuaron muchas ideas del pensamiento sofista original, a tal punto que llegó a establecerse una relación directa entre sofística e inmoralismo. [Nota 44] Esta vinculación, simbolizada por un supuesto contraste moral irreductible entre Sócrates y los sofistas, marcaría a la sofística de manera indeleble, provocando durante siglos una serie de interpretaciones parciales y sesgadas de ella.

Baste el caso de Protágoras para ilustrar este punto. A pesar de su relativismo epistemológico, el pensamiento de Protágoras, como lo muestra ampliamente el diálogo platónico que lleva su nombre, era un pensador profundamente preocupado por la areté política: un conjunto de virtudes, entre las que destacaba la justicia, que son consideradas imprescindibles por el filósofo de Abdera para la sobrevivencia de la pólis. "Él, por consiguiente, puso extraordinariamente de relieve la ley y declaró que eran las leyes del estado y la opinión pública las maestras del bien y que esta enseñanza comenzaba con la infancia y modelaba la personalidad de un hombre. Cuanto más escéptico se volvía Protágoras acerca de los dioses, tanto más firmemente se aferraba a su creencia en la ley. Era su baluarte contra el escepticismo nihilista y su confianza en el desarrollo de las sociedades civilizadas. "[Nota 45] En las referencias con las que contamos sobre él, no podemos encontrar una sola línea en contra de la justicia y sí, en cambio, una clara preocupación por la vida cívica. Sin embargo, su relativismo podía llevar, como de hecho lo hizo, hacía el inmoralismo mencionado líneas arriba. Lo mismo se puede decir de otros planteamientos sofistas. La distinción entre physis y nómos podía derivar, como en el caso de Protágoras, en una defensa de la democracia, pero también odía desembocar en la "ley del más fuerte" de Trasímaco o Calicles. [Nota 46]

¿Qué se quiere decir cuando se afirma que la decadencia de Grecia se inició con la derrota ateniense en 404? Si bien Atenas nunca volvería a gozar de la influencia política que tuvo en el mundo helénico durante la segunda mitad del siglo V, el régimen político democrático que la caracterizó durante ese periodo, y que constituía el principal resorte de su vigor y dinamismo social, no sufrió modificaciones sustanciales. Tan solo un año después, en 403 a.c., la democracia fue restaurada y Atenas no volvió a tener un gobierno oligárquico hasta la derrota definitiva frente a los macedonios en 322 a.c., simbolizada por la trágica muerte de Demóstenes ese mismo año. "La democracia recibió.un golpe traicionero el 404 a.c.; pero, después de un breve periodo de oligarquía en el momento de la victoria espartana, la democracia se restableció y lo hizo con extraordinaria calma, moderación y buen sentido, para sobrevivir otros ochenta años. Y durante este periodo proporcionó, como lo había hecho desde 462 a.c., un gobierno pacífico, moderado, eficiente y popular al mayor y más complejo estado de Grecia."[Nota 47]

Frente al argumento de que fue a partir del desenlace de la Guerra del Peloponeso que se hicieron patentes los abusos en los que incurrió la democracia, se puede argüir que ya desde los comienzos del conflicto, demagogos como Cleón habían mostrado los excesos en que aquélla podía caer. De hecho, desde muchas décadas antes, el abuso del ostracismo como arma política había puesto en evidencia dichos excesos. [Nota 48] En última instancia, como ya se apuntó, las reformas que los propios griegos atenienses realizaron a sus instituciones políticas, a partir de la restauración democrática en 403 a.c., apuntaban a una limitación de los poderes no sólo de la asamblea, sino también de los dirigentes políticos, y a un reestablecimiento del respeto a las leyes.

La utilización del año 404 a.c. como la fecha que marca el inicio de la decadencia de Grecia debe ser vista con cautela porque tiende a simplificar la historia griega al considerar a Atenas como un bloque social, político, militar, económico y cultural completamente homogéneo en el que todo surge (y, por lo tanto, todo se derrumba) al mismo tiempo. [Nota 49] Es claro que todos estos aspectos están interrelacionados pero, en cualquier caso, el "derrumbe" no fue ni tan generalizado ni tan uniforme como a veces se pretende.

Fijar el inicio del declive del pueblo griego en 404 a.c. reforzaría, incluso, el argumento de considerar a los sofistas como una causa más, y no la más importante, de dicho declive, en la medida en que se considera que la causa del mismo fue sobre todo una derrota militar. [Nota 50] Es claro que la pérdida del imperio marítimo ateniense, a raíz del descalabro militar frente a Esparta, incidió negativamente sobre el desarrollo económico, tal como se había dado durante buena parte del siglo V a.c., pero ello no llevó a la pérdida de la estabilidad social. [Nota 51] Asimismo, la derrota en el 404 a.c. provocó que Atenas perdiera el lugar que había ocupado en el contexto político griego desde las Guerras Médicas. La ciudad, no obstante, fue capaz de mantener casi intacta su estructura institucional interna durante muchas décadas más. "Dicho en otras palabras, más que de decadencia ["déclin"] se debe hablar de transformaciones, de adaptación a una situación nueva nacida de la Guerra del Peloponeso."[Nota 52]

Algunas enseñanzas sofistas influyeron, indudablemente, en el clima de escepticismo moral que inundó Atenas al final de la guerra. Sin embargo, antes de condenar a la sofística en su conjunto, debe hacerse la distinción entre las doctrinas originales y la utilización posterior que de ellas se hizo. Además, tanto estas doctrinas como sus "deformaciones" deben ser inscritas dentro de sus respectivos contextos. No hacerlo, lleva a exagerar el papel que los sofistas jugaron en la pérdida de interés en los asuntos públicos y que as posible percibir en algunos aspectos de la vida ateniense durante la dilatada transición entre los siglos V y IV a.c.

Más allá del efecto que la sofistica tuvo en el corto plazo sobre la evolución social y política de Atenas, debe considerarse el papel desempeñado por sus pensadores desde una perspectiva histórico-filosófica más amplia. Ello nos llevaría a una evaluación más objetiva del papel que los sofistas jugaron en el debilitamiento de la pólis griega.

Se puede decir, sin temor a exagerar, que los sofistas anuncian o prefiguran muchos de los principales aspectos del pensamiento filosófico tal como se ha dado hasta nuestros días: piénsese, por ejemplo, en el propio Platón, [Nota 53] en algunos de los temas más importantes del estoicismo, en el "debate epistemológico" de los siglos XVII y XVIII (desde Descartes hasta Kant) o en la filosofía del lenguaje de este siglo. [Nota 54] Las preocupaciones teóricas detrás de los autores y corrientes mencionados son las mismas inquietudes intelectuales de los sofistas, un grupo de filósofos cuya labor crítica constituye un elemento esencial para entender el esplendor de la Grecia clásica y, al mismo tiempo, un movimiento muy importante en la historia del pensamiento occidental.


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