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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1996

2. Composición cuerpo y espíritu


Basave considera que la persona humana está integrada por cuerpo y espíritu. La existencia de¡ cuerpo es obvia, la de¡ espíritu no. Nuestro autor reflexiona fenomenológica-mente sobre el cuerpo, mas al presente, interésanos destacar solamente lo que él piensa de la existencia de¡ alma y cómo la demuestra, así como su inmortalidad.

Basave ha formulado su propio argumento para demostrar que el alma existe y es inmortal. Dice que tal prueba está fundada en el afán de plenitud subsistencial ínsito en la naturaleza humana y que desborda los límites espacio-temporales. El meollo del argumento es esta afirmación basaviana: "todo ser humano, en cuanto es, no sólo tiende a perseverar en su ser, como lo afirmó Spinoza del ser en general, sino a ser más, a ser en plenitud". [Nota 6]De aquí que perdurar en la existencia te es connatural al hombre; está inscrito en su ser. Muestra de ello es su deseo de vida, cada vez más y mejor. Empero en esta vida únicamente obtiene plenitudes relativas, por eso se afana constantemente.

Ahora bien, la persona experimenta la necesidad de una plenitud absoluta y no se conforma con sus logros relativos. Porque vive esta confrontación (la plenitud absoluta frente a la plenitud relativa) intuye que fuera de este mundo puede obtener totalmente la plenitud deseada, pues de lo contrario sería absurdo que sintiera algo que jamás alcanzaría.

Todo esto nos presenta el Dr. Basave en su argumento, y aquí con sus palabras:

Nuestro espíritu encarnado se afana por la plenitud subsistencial. Este afán desborda los límites del espacio y del tiempo. La relativa plenitud lograda es un acicate para alcanzar la plenitud absoluta. Fuera de la Plenitud de plenitudes, nada satisface ese afán de plenitud subsistencial. Esta trascendencia del tiempo mundanal y finito revela la espiritualidad inmortal del alma. Más aún: nuestro concreto afán de plenitud subsistencial y las relativas plenitudes logradas se nutren, en cierto modo, de la Plenitud de plenitudes. Nuestras plenitudes singulares expresan y consumen, en la medida de sus posibilidades, la Plenitud absoluta. Las plenitudes singulares consumen, sin agotar, la Plenitud universal y absoluta. Consiguientemente, esa potencia humana de plenitud universal, que desborda los límites espaciotemporales, exige, por su misma estructura ontológica, la inmortalidad personal. [Nota 7]


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