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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1996

Un famélico a la meza


De las cuatro novelas que Julián Meza ha publicado hasta el momento, Un famélico en busca de salvación es, sin duda, la que refleja más fielmente a su autor. Y lo refleja en más de un sentido, pues en ella no sólo está presente el conocimiento que Julián tiene de París, la cultura y la personalidad de los franceses, sino otros aspectos -algunos de ellos extra literarios o incluso biográficos- en los que vale la pena detenemos. Me explico.

Grosso modo, Un famélico en busca de salvación trata de un francés desempleado que, tras recorrer diversas calles, bares y restaurantes de París en búsqueda de un amigo que le ha prometido empleo, comete un asesinato y, descubre, con ello, que este acto ha sido la expresión más acabada y perfecta de su xenofobia. La novela fue escrita originalmente en Francés, hace dos o tres años, durante la estancia de Julián en París, y él mismo la tradujo al castellano algunos meses más tarde y ya de regreso a México, La idea y la hechura de la novela nacieron allí, en particular, en la mesa que Julián acondicionó en la cocina de su departamento en París. Este hecho es fundamental para explicamos el título que el autor dio a su obra, pues, como se explica perfectamente en la contraportada del libro, famélico significa hambriento y, en su segunda acepción, remite a un personaje sin nombre que (como Julián) llega tarde a sus citas, añora épocas pasadas y recorre las calles de París (léase México) criticando sin el menor remilgo todo lo que encuentra a su paso.

A lo anterior debemos agregar lo siguiente: Julián es un gourmet que viajó a París acompañado de sus dos hijas, Maiala y Ana Paula (quienes, por cierto, no saben cocinar), y tuvo que encargarse de la compra en el mercado, de hacer la comida y de lavar los platos. Así que, si durante el día su vida giraba alrededor de la comida (imaginemos a Julián pensando: "Las niñas no han comido todavía", "¿qué comeremos hoy?", "en este mercado la ternera está más barata que el filete", "¡niñas, cuidado con el Opinel porque se pueden cortar!"), por la noche estaba rodeado de cacerolas, platos, vajillas y cuchillos. Esto explica que en la novela el personaje central haga un recorrido por los restaurantes y bares de París y que, para colmo de casualidades, cometa el asesinato, justamente, con un Opinel.

La novela también responde a otra característica, esencial para quienes conocemos a Julián y nefasta para quienes no lo quieren ni lo conocen. Tanto sus amigos como sus enemigos lo llamamos Julién Mezá, pues nos parece un tanto sofisticado y excéntrico que sea un pensador francés nacido en Orizaba, Veracruz. En una entrevista que Armando Pereira le hizo a Meza a propósito de ésta y otras cuestiones, Julián comentó: "En algún momento la gente pensó que me insultaba al cambiarme el nombre y el apellido, al decirme Julién Mezá. Recuerdo una polémica que tuve con Aguilar Camín en Uno más uno en donde Héctor dirigía sus cartas a Julién Mezá. Para mí fue muy divertido. Yo le respondí llamándole Héctor Ilhuicamina porque con su actitud Héctor quería decirme que él era más mexicano que yo, porque yo era afrancesado y él, en cambio, era muy mexicano, y por lo tanto, pensé yo, muy Ilhuicamina ( ... ) Esto me divierte por una sencilla razón: tengo una debilidad enorme por Franciaque no me hace sentirme mal, ni me hace pensar que soy menos mexicano que otros; al contrario, creo que conozco mi idioma mucho mejor que muchos mexicanos que pretenden ser escritores. Además, en Francia ( ... ) viví en un mundo que se volvió muy importante para mí en otros aspectos, pues es un país cuya cotidianidad me agrada, en donde hice grandes amistades con gente sencilla a la que nuestros vanidosos turistas consideran pedante, grosera, xenófoba. Es el único país que conozco con una cocina y una bebida de primera." [Nota 3]

Para quienes dudaban del conocimiento que Julián decía tener de París, Un famélico en busca de salvación será, estoy absolutamente segura, un golpe al hígado, pues no hay sitio, plaza, parque o avenida de París que Julián desconozca. Pero no son sólo los lugares, son los platillos, los olores, las costumbres, las expresiones, los personajes que habitan esa "Ciudad de la luz" los que, de pronto y como por arte de magia, se despliegan frente a nosotros como un abanico de papel, con sus dobleces, muecas y calamidades cotidianas. Quiero también pensar, pues desconozco la versión francesa, que Julián Meza o Julién Mezá decidió escribir el original en francés para probarnos a todos y a sí mismo que no sólo domina la lengua igual o mejor que el castellano, sino que, independientemente de la lengua o de la nacionalidad que se tenga, un escritor debe preocuparse por escribir bien o, para decirlo con sus palabras, "debe buscar la página perfecta". [Nota 4]

Por supuesto, sé que muchos críticos dirán con altas dosis de ironía que el libro de Julián es la primera novela escrita en París por un mexicano y traducida del francés al castellano por el propio escritor, pues ¿para qué tomarse tanto trabajo? También sé que sus enemigos dirán que se trata de una radiografía de los macabros sentimientos xenofóbicos de Julián Meza, sentimientos que, por lo demás, él se ha atrevido a hacer públicos durante las borracheras en casa de la Beba o en mi casa y que en más de una ocasión han hecho que nuestros invitados y demás amigos (la mayoría mexicanos y sudamericanos) salgan de nuestras casas, maltrechos y siempre envueltos en sus respectivos emblemas patrios. Yo nunca he ido con Julián a París y, a pesar de los innumerables cursos que he tomado en el IFAL, mi francés sigue siendo francamente ridículo. Incluso les puedo contar que muchas de las discusiones que he tenido con él han sido a propósito de su malinchismo y de mi nacionalismo de china poblana. Pero lo cierto es que, gracias a su xenofóbico personaje, Julián hace en su novela una de las más fuertes críticas a los franceses y a la sociedad francesa. Se dice fácil, pero no "es de sabios cambiar de opinión", sino meterse de lleno a una cultura ajena y hacerla propia mediante el estudio, la crítica y el análisis. Eso es lo que debemos celebrar de Julián y su famélico.

CLAUDIA ALBARRÁN

Centro de Lenguas, ITAM


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