©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1996

5. Integración


La calidad orgánica de la familia es más vulnerable a los procesos de desconstrucción. No hay nada que se lea en el "texto" de cualquier individuo que sugiera la noción de pertenencia a una familia en particular. Así, cuando el matrimonio entre Junior Lewis y Mary Sue Davis se disolvió, parecía lo suficientemente obvio para el señor Davis que siete embriones congelados que habían sido concebidos a través de la fertilización de los óvulos de su esposa, por medio de su esperma, no formaban parte de su descendencia y, por ende, no eran miembros de la familia. Sin embargo, su esposa pensaba de manera diferente. Mientras que Mary Sue no consideraba a los embriones -que supuestamente estaban todavía vivos en nitrógeno líquido- como sus hijos, sí creía que expresaban "vida". Ella no se consideraba su madre, sino más bien manifestaba la esperanza de que algún día podría convertirse en su madre. [Nota 19]

La disputa llegó hasta la corte y el juez Dale Young dictaminó que: "Debido a que la vida humana comienza al momento de la concepción", los siete embriones congelados eran seres humanos y les confirió la custodia a la madre. Tuvo la osadía de regresar los embriones a lo que permanecía en ese momento como una familia no intacta. Sin embargo, fue criticado muy severamente por esta decisión. Un escritor, por ejemplo, lo censuró por emitir una decisión "retrógrada" y se quejó diciendo que el juez no consideraba a los embriones en términos más poéticos ya que los veía como "pléyades congeladas in vitro puestas contra un firmamento de Petri". [Nota 20] Al identificar los embriones como niños, el juez fue castigado por convertirlos en "personajes antropomórficos de Disney". [Nota 21]

El crecimiento y desarrollo de una familia dependen de la buena integración de sus miembros en unidad orgánica. Esta familia integral se desconstruye fácilmente en un ensamblaje de extraños, algo similar a lo que el psiquiatra David Cooper tenía en mente cuando calificó a la familia como "la última forma de desunión". [Nota 22]

La desconstrucción, aun cuando no era conocida con ese término, ha sido una de las fuerzas principales en la historia del pensamiento moderno. Descartes desconstruyó al conocedor convirtiéndolo en pensador; el existencialismo estético desconstruyó a la persona y la convirtió en individuo; el pensamiento posmoderno ha desconstruido a la moralidad convirtiéndola en elección. Al desconstruir el mundo en texto ("Il n'y a rien hors du texte), Derrida simplemente estaba continuando una práctica convertida en inherente al pensamiento moderno. El resultado acumulativo del pensamiento moderno es colocar al pensador amoral en medio del vacío, únicamente preocupado por su individualidad. [Nota 23]

En el centro de la tradición tomista se encuentra la institución por la que el orden fluye del Ser. La creación no consiste en una colección de seres que no están relacionados de una manera precisa. Por el contrario, los seres están ordenados unos con otros y con Dios. El pensamiento tomista abarca la continuidad entre el Ser y el Orden. Según Santo Tomás, "el orden de las partes del universo entre sí existe en virtud del orden de todo el universo de Dios". [Nota 24]Más adelante declara: "Lo que viene de Dios se encuentra en un orden perfecto. Ahora, el orden de las cosas consiste en esto, el ser guiadas a Dios las unas con las otras." [Nota 25]

Para Santo Tomás un conocedor se ordena a las cosas que pueda conocer de una manera cognoscitiva, mientras que una persona se ordena moral y comunitariamente a sus otros prójimos. La moralidad no es una simple elección, sino que se ordena a una consecuencia, y una elección verdaderamente moral se ordena a una buena consecuencia moral. La pauta fundamental de esta filosofía es el orden y la continuidad. Cada ser está rodeado de una gama de referentes. La luz del sol, la humedad y los nutrientes se ordenan al crecimiento y maduración de los cultivos, los cuales, por ejemplo la comida, se ordenan al sistema digestivo, que por ende se ordena a los procesos de asimilación y desarrollo. El punto de vista de los desconstruccionistas de que el mundo es un texto carente de referentes que vayan más allá de sí mismo, no puede defenderse porque se contradice con los hechos más mundanos de la vida.

Walker Percy rebate la noción de que los textos no cuentan con referentes, en su metáfora del hombre que deja un mensaje en la contestadora de su teléfono pidiendo una pizza de peperoni para la cena. Según Percy, el mensaje es el texto y la pizza es el referente. Cuando el dispositivo de autoborrado de la contestadora telefónica elimina el mensaje, no es de sorprenderse que la pizza no llegue a materializarse. Percy ejemplifica el mismo realismo de sentido común que Chesterton señalaba como una característica esencial de la filosofía de Tomás de Aquino. Las palabras reflejan lo que significan de una manera mucho más confiable de lo que los hablantes a veces hacen cuando dan significados arbitrarios. El mismo Santo Tomás llamó la atención en esta paradoja cuando destacó que "la palabra tiene naturalmente mayor conformidad con la realidad que expresa que con la persona que habla, aunque permanezca en el hablante como su sujeto". [Nota 26]

Los desconstruccionistas utilizan palabras para negar lo que las palabras significan. Un soneto de Shakespeare no es un soneto de Shakespeare, sino un simple texto desprovisto de cualquier referencia, sea de Shakespeare, de la tradición o de los significados reales de las palabras. Los desconstruccionistas son en particular hostiles con la noción del "logos", especialmente como se presenta en el Evangelio según San Juan. El "logocentrismo" es el enemigo, argumentan, porque afirman que la palabra tiene una afinidad intrínseca con un principio racional que opera en el universo y su contraparte cósmica. Además, la Palabra puede hacerse carne; y dos personas que se dan su Palabra en el matrimonio pueden devenir dos personas unidas en una por la carne. El logocentrismo tanto cristiano como tomista enseña que la Palabra y la Realidad no son mutuamente exclusivas.

Los desconstruccionistas pueden parecer humildes y autodestructivos cuando se abstienen de emitir juicios en lo que respecta al significado. Parecen tener una mente abierta y son muy cautelosos cuando declaran que prácticamente todo es indecible. Pero su presunta humildad es más bien una falta de respeto al gran fin del orden de las cosas, mientras que su presunta apertura es más bien un rechazo al reconocimiento de lo evidente.

Las palabras son ventanas por las que aparece un mundo más grande. En las manos del desconstruccionista, estas palabras son espejos que no hacen más que reflejar lo que está en otros espejos. Los textos no hablan sobre el mundo donde se llegó a pensar que el pensamiento residía, sino sobre otros textos, ahora es sólo una infinidad de reflejos en espejos. Tara los desconstruccionistas -como decía un crítico- el mundo está hecho de cuartos vacíos, con paredes impenetrables, sin puertas, donde las mentes de los individuos se dedican a emitir textos con una sonrisa leve." [Nota 27] Uno podría preguntarse cómo los desconstruccionistas pueden ocupar cuartos "vacíos" y sonreír en una atmósfera tan claustrofóbica.

El hecho de que la palabra no pueda abarcar o comprender la realidad que significa, no justifica que ésta abandone su función realista. Lo que sí sugiere es que se deben utilizar palabras para profundizar la apreciación de la riqueza del Ser. El desconstruccionista se aleja de un mundo demasiado grande como para encerrarse, para habitar un mundo demasiado pequeño y así poder disfrutarlo. Intercambia el mundo del Ser por un mundo de palabras y luego intenta convencerse a sí mismo de que ir para atrás es ser progresista. La preferencia tomista es utilizar palabras y ventanas que guíen de un mundo de insularidad verbal al mundo incomparablemente más grande del Ser. Se desplaza de signos a lo que significan estos signos, de las tinieblas a la luz. Éste es el diseño fundamental y la dirección de la vida en general, así como de la relación marital en particular.


Inicio del artículoAnteriorRegreso