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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano-Otoño 1996

Educación democrática y la democratización de la educación


Si ponemos en relación la idea de educación con la de democracia, en lo primero que habrá que caer en la cuenta es que para este fin no sirve en rigor más que el concepto fuerte, rousseauniano, de democracia, como el gobierno de todos, una vez que todos han alcanzado la libertad moral. La democracia en este sentido fuerte conlleva también otro amplio, al extenderse a todos los ámbitos de la vida social. La democracia política precisa, para sostenerse desarrollándose, de formas de convivencia democrática en todas las esferas de la sociedad. La democracia política tiene así su complemento indispensable en el desarrollo democrático de los demás ámbitos sociales: en este sentido, como factores coadyuvantes al desarrollo político, entendido como un proceso de participación creciente de cada vez un mayor número. Hay que desplegar la democracia en la familia, en las relaciones entre los sexos y las generaciones, en la eliminación de las diferencias sociales, así como en el ámbito laboral y, por supuesto, en el de las instituciones, incluidas las educativas.

En cambio, desde la comprensión liberal -garantía de los derechos fundamentales y mecanismos de control del poder- el concepto de democracia se limita al ámbito político, rechazando el que se extrapole a otros sociales: en consecuencia, la democracia nada tendría que ir a buscar en las relaciones familiares, fundadas en la autoridad de los padres, o en las laborales, ya que una democratización de las relaciones de trabajo, no sólo pondría en cuestión el derecho de propiedad, sino que acabaría por suprimir la eficacia en la esfera productiva, y, desde luego, es tema harto discutible el que la democracia tenga algo que ver con la educación. Por lo general, los defensores de un concepto liberal de democracia tienden a restringir su uso a una esfera política propia, y no gustan de extenderlo a otras. Ello no implica que no quepa defender una noción restrictiva de democracia y preguntarse, sin embargo, por el modo en que podría relacionarse con la educación, siempre y cuando se dé por supuesto que esta relación no es consustancial, sino que únicamente se plantea como problema.

En cambio, desde el concepto fuerte, rousseauniano, de democracia, cabe fijar un primer sentido de educación democrática, como aquélla que se imparte a todos por igual, y de ahí que se entienda por democratización de la enseñanza abrir las instituciones educativas a todos los miembros de la sociedad, lo que desde los supuestos antropológicos y políticos enunciados -implicación recíproca de libertad e igualdad parece evidente. Ya la burguesía revolucionaria, consciente de la contradicción existente entre su consigna de libertad, igualdad y fraternidad -fundamento intocable de toda noción fuerte de democracia- y la existencia de una propiedad repartida muy desigualmente, establece, por boca de Condorcet, la educación como el principal factor compensatorio de la desigualdad social, que, gracias a una educación igual para todos, podría limitarse a términos razonables. De ahí proviene el derecho a una enseñanza igual para todos, que elimine o reduzca al máximo el sentido aristocrático de la enseñanza, en el doble sentido de impartirse sólo a unos pocos, o con unos contenidos que pretendan perpetuar el status especial de unos pocos.

Esta universalización de la enseñanza, como criterio principal de democratización, a partir de la Revolución francesa ha arrastrado consigo el carácter público, entendido como equivalente a estatal, de la enseñanza. Frente a la educación privada, tradicionalmente eclesiástica, la democratización de la enseñanza se ha hecho coincidir con su estatalización.

Por educación democrática entendemos, en tercer lugar, una enseñanza que prepare para la convivencia democrática. Ya no es sólo su universalidad -enseñanza igual para todos- ni su carácter público responsabilidad del Estado en el campo educativo- sino que por educación democrática se entiende el empleo de determinados métodos y contenidos educativos. Sin ellos, una educación para todos, llevada a cabo por el Estado, podría servir más bien a fines que podrían calificarse de totalitarios. La democratización de la enseñanza ha de comportar, por tanto, estos tres caracteres: enseñanza para todos, enseñanza estatal, y enseñanza con métodos y contenidos democráticos. Ahora bien, sobre la oportunidad y hasta compatibilidad de cada uno de estos elementos se han mantenido opiniones muy diversas


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