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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano-Otoño 1996

Un planteamiento personal


Es no sólo conveniente, sino necesario para el proceso de desarrollo de nuestro país, que México vaya construyendo la capacidad de su sistema educativo para formar valoralmente. La formación valoral de la que estoy hablando es aquella que promueve el desarrollo de la capacidad individual de formular juicios morales y de actuar en consecuencia. Este planteamiento es la antítesis misma del adoctrinarniento. Supone la capacidad de lograr en los alumnos una identificación de -y un claro rechazo a todo intento de adoctrinamiento al que pudieran verse sometidos en la forma de demagogia política, de fanatismo religioso, de publicidad, o de cualquier otra manera de intentar imponer un proceso de dominación ideológico o cultural.

Sin embargo, y aunque parezca contradictorio con lo anterior, desde mi punto de vista formar valoralmente no implica una neutralidad valoral. No es posible concebir un proceso de formación valoral que no asuma un determinado marco valoral como referencia. No creo que la neutralidad valoral sea posible en el hecho educativo, y mucho menos en el hecho educativo orientado precisamente a la formación valoral. Por eso considero una exigencia que todo intento de formación valoral exponga con toda claridad su marco axiológico de referencia.

Creo que el marco valoral de referencia capaz, por un lado, de responder adecuadamente a las exigencias sociales del tipo de las planteadas en la primera parte de este trabajo y, por otro, de responder a las exigencias pedagógicas de un proceso de construcción de autonomías morales, es el de los derechos humanos fundamentales, universalmente conocidos. Detrás de estos derechos se encuentran las dos orientaciones valorales fundamentales: el respeto a la dignidad de la persona y la búsqueda continua de la justicia.

Ahora bien, es necesario reconocer que los derechos humano; tal y como se encuentran actualmente definidos son fruto de un largo proceso histórico y, por lo mismo, constituyen una definición inacabada y perfectible de lo que es propiamente humano. Lo que existe actualmente constituye lo que como comunidad humana hemos logrado hasta la fecha. Propongo que se puede trabajar con ello desde esta perspectiva relativista e historizada de los mismos.

La aparente contradicción entre el no adoctrinamiento y la n necesidad de un marco de referencia valoral explícito de quien pretende formar valoralmente se resuelve, probablemente, mediante la concepción pedagógica y didáctica de la formación valoral a la que personalmente me adhiero. Ésta consiste en propiciar, en un proceso que respete el desarrollo evolutivo del niño, una autodefinición de principios valóricos propios que se encuentre sustentado en el descubrimiento de lo, propuestos, pero también en la oportunidad de su crítica a partir de la fundamentación de sus propias soluciones a situaciones morales. Esta propuesta puede plantear una respuesta a la primera dificultad de la escuela, pero sin duda la más importante para formar en valores. Junto con la necesidad de vigilancia permanente que evite el riesgo de caer en la salida fácil, la moralizante, la formación valoral, parece exigir el desarrollo de un proyecto complejo, de múltiples procesos paralelos -de investigación, formación docente, desarrollo experimental, desarrollo curricular y de materiales, evaluación- a fin de poder enfrentar de manera adecuada la capacidad de nuestro sistema educativo de formar valoralmente. No es fácil. Pero en ello estriba quizás el complemento transformador de la perplejidad, a la que aludimos al principio de este ensayo, en este tema de la ética y los valores, que es precisamente la esperanza. Por eso considero que vale la pena emprender el proyecto.


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