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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano-Otoño 1996

El feminismo y la agenda democrática en Europa


El número final de Women of Europe, revista publicada por la Comisión de las Comunidades Europeas que trataba de resumir la posición de la mujer en sus estados miembros, presentó algunos aspectos de los efectos de la lucha de la mujer en las últimas décadas. Los países que solemos llamar europeos occidentales han experimentado considerables transformaciones en este siglo, uno de cuyos principales componentes ha sido la lucha de la mujer para asegurar su plena participación en la vida pública. En el informe de cada estado miembro de la comunidad, el período que abarca desde los años sesenta hasta los ochenta se caracteriza por las campañas públicas y contundentes a favor del derecho a participar en los procesos democráticos en los niveles internacional, nacional, regional, local y comunitario, y a contribuir plenamente en la esfera económica.

Sin embargo, como sabemos, la lucha de la mujer para que se le ofrezcan y pueda utilizar las oportunidades que supone la plena ciudadanía y para que se la considere en pie de igualdad con los varones no ha carecido de problemas. Como dice Mossuz Lavau, [Nota 4]la historia de Europa está marcada por el progreso y la oposición. Cuando, por ejemplo, se clasifican los estados miembros de la Comunidad Europea según el porcentaje de mujeres presentes en asambleas nacionales y locales, aparecen tres grupos. Incluso en los casos de transformaciones más satisfactorias de las jerarquías políticas de predominio masculino, como Dinamarca, HoIanda y Alemania, las mujeres están representadas, como máximo, por sólo un tercio (33%) de los parlamentarios electos. En España (de la segunda categoría), las mujeres han alcanzado una representación del 14% mientras que sólo el 10% de los parlamentarios elegidos en el Reino Unido son mujeres. En algunos casos, las asambleas regionales de estos países (sobre todo en zonas rurales) ofrecen todavía menos oportunidades de participación política formal.

En las tres últimas décadas, se ha utilizado un conjunto de estrategias diferentes dirigidas a mejorar la participación de la mujer en la vida pública en Europa. Hemos observado países que, para garantizar una adecuada representación femenina en la vida política, seleccionan a los parlamentarios electos mediante el sistema de cuotas. Se han empleado normas de igualdad de oportunidades para promover distribuciones más justas por género en la Administración pública y civil, así como legislaciones contra la discriminación, y criterios de financiación dirigida y de financiación igualatoria para mejorar la representación y la participación de las mujeres en otras esferas laborales.[Nota 5] En los países más progresistas, la provisión estatal de cuidados a los niños pequeños ha ayudado a las mujeres a optar por empleos clave.

Hay una serie de factores que ha influido en la receptividad de distintas naciones europeas ante las demandas de sus respectivos movimientos de mujeres. El crecimiento económico, la reestructuración o la recesión, el desarrollo y la planificación urbanos, las tendencias demográficas y las políticas de inmigración han tenido su repercusión. Sin embargo, un elemento clave para el progreso ha sido el éxito de las campañas de las mujeres para conseguir las mismas o equivalentes carreras educativas que los varones. Las mujeres, como estudiantes, profesoras, madres y políticas, han luchado a favor de los derechos de acceso a las instituciones educativas estatales de masas. En cada nivel, desde la educación infantil hasta la de adultos, las mujeres han defendido el derecho de recibir igual trato (aunque no siempre idéntico) que los varones. Quienes se han comprometido con la justicia social han defendido los derechos de la mujer, no sólo a ser esposas y madres, sino a ser educadas en relación con todas las oportunidades que ofrece la vida pública. Han luchado por sus plenos derechos educativos como ciudadanas de sociedades democráticas.

A algunas mujeres, estas luchas les han supuesto elevados dividendos. Como dice Levy, en el caso de Francia:

Los setenta fueron la década de la eliminación de barreras en los centros universitarios de formación profesional de élite y en los cuerpos públicos; los ochenta han sido la década de los nombramientos para los puestos de mayor prestigio.[Nota 6]

Al afrontar las jerarquías educativas más abiertas, como el acceso a la educación superior, las mujeres quedaron en una posición mucho más fuerte para enfrentarse a las jerarquías políticas en los partidos políticos, en las comisiones gubernamentales y en las estructuras administrativas locales. En algunos casos (como en Francia y España),las mujeres han logrado la creación de nuevas organizaciones, ministerios o ambos, con especiales responsabilidades respecto al aumento de la participación económica y política femenina y a la mejora de la vida de la mujer.

En 1993, muchos estados miembros de las Comunidades Europeas presentan porcentajes casi iguales de mujeres estudiantes de educación superior. Como dice Mossuz-Lavau,[Nota 7] este fenómeno es quizá uno de los más significativos de la historia reciente de las mujeres y de las sociedades europeas. En algunos casos, las jóvenes consiguen mejores expedientes académicos que los varones (p. ej.: Francia, Reino Unido); se matriculan en masa en la educación superior, y obtienen un nivel de calificaciones más elevado que nunca. En el Reino Unido, por ejemplo, el número de universitarias es mayor que el de universitarios. En 1984, el 81% de las estudiantes españolas que realizaron las pruebas de selectividad las superaron, frente al 61% de los estudiantes varones. Tales éxitos educativos suponen una presión considerable para el acceso a profesiones de élite y modifica la agenda de la reforma en grado importante. Con esos resultados, es difícil hablar de la mujer como Ia víctima" del sistema educativo.

Al mismo tiempo, las campañas educativas y políticas de las mujeres han puesto de manifiesto la incidencia de las fuerzas del mercado en diversos grupos de mujeres. Si hay un rasgo común que dé unidad a los informes sobre la categoría de la mujer en distintos países, es la creciente conciencia de las desigualdades sociales y económicas sígnificativas entre mujeres. Carlota Bustelo,[Nota 8] por ejemplo, refiriéndose a España, hace hincapié en el impacto de la continuada discriminación patronal contra las mujeres y las dificultades a las que todavía tienen que hacer frente para conseguir empleo, ante las discriminaciones salariales y la degradación de las actividades desarrolladas por mujeres. Distintos grupos de ellas no sólo experimentan de forma diferente la dependencia del Estado, sino también el acceso al empleo y las condiciones del mismo -escasez, características, remuneración, ingresos.

La lucha por la igualdad educativa entre los sexos, que constituyó el núcleo del movimiento de la mujer en las últimas décadas[Nota 9] ha dejado, por tanto, una herencia. Como dice un comentarista: "el precio que hay que pagar para que una minoría de mujeres consiga la igualdad con los hombres podría consistir en una mayor desigualdad en el extremo inferior de la escalera".[Nota 10] En efecto, en el contexto inglés, las reformas educativas efectuadas en nombre de la igualdad sexual han estado muy sesgadas a favor de las necesidades de las alumnas académicamente más capaces, de clase media sobre todo, [Nota 11] alterando mucho menos del previsible destino de las chicas de clase traba adora (dependientes o administrativas de categoría inferior). Ahora bien, dadas las reformas educativas iniciadas por la derecha en el Reino Unido, no cabe duda de que, en vez de reducirse, aumentarán las diferencias entre las carreras educativas de las chicas de clase media y las de clase trabajadora.[Nota 12]

Por tanto, la conclusión que puede extraerse de los informes de los estados miembros de la Comunidad Europea es que la democracia misma sigue aún en la agenda de asuntos pendientes. No sólo deben movilizarse todas las mujeres con el fin de que no se malgaste su potencial humano,[Nota 13] sino, como dice Mossuz-Lavau, que el objetivo actual y futuro de los estados miembros de la Comunidad consiste en "convertirse en democracias, en el pleno sentido del término, es decir, regímenes en los que las mujeres tomen parte de la adopción de decisiones económicas, políticas y culturales en el mismo plano que los varones." La plena participación democrática y la justicia social son objetivos todavía no alcanzados en estas economías modernas avanzadas.

El problema al que ahora nos enfrentamos consiste en cómo elaborar una nueva agenda política que: a) aborde la resistencia de las divisiones sexuales en la economía y b) otorgue a todas las mujeres eres plenos derechos como ciudadanas. Una agenda de este tipo para el siglo XXI no puede limitarse a las estrategias contemporáneas a favor de la igualdad política, sino que ha de ocuparse, en un nivel más profundo, de la naturaleza de la democracia.

A la luz de esto, quiero ocuparme de una serie de debates feministas más teóricos que se centran en los conceptos de democracia y de educación democrática. Comenzaré mencionando un debate fundamental de la teoría feminista en el Reino Unido (sobre todo, en países relacionados con las tradiciones filosóficas anglosajonas y anglófonas): la relación entre la teoría feminista y la democracia liberal. Expondré brevemente a continuación los desafíos feministas a la democracia liberal, tanto desde perspectivas estructuralistas como postestructuralistas, señalando cómo han afectado estos debates a la educación. Concluyo con unas indicaciones acerca de dónde se sitúa en la actualidad, a mi modo de ver, el debate sobre la democracia.


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