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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano-Otoño 1996

El reconocimiento de la diferencia


La democratización de la educación podría haber sido un asunto relativamente sencillo si sólo consistiera en incluir la cultura de la mujer y los valores del mundo privado en nuestra comprensión de lo que constituye la democracia. Sin embargo, como sabemos, el concepto de cultura femenina es problemático, dado que implica argumentos esencialistas biológicos o culturales y universaliza la influencia del maternalismo de manera inaceptable. Mientras que el feminismo democrático liberal concebía la categoría de la mujer como individuo, el feminismo radical parece construir un sujeto nuevo: Ia mujer como madre".

Hemos aprendido que hay que incluir el ámbito privado en las definiciones de democracia y de educación democrática para que la mujer se convierta en ciudadana con participación plena. Pero todavía quedan cuestiones sin responder acerca de cómo puede el feminismo configurar una versión nueva de la democracia y de la educación democrática.

Otras teóricas políticas muestran una historia más compleja en la que sólo puede hablarse de las mujeres y de la educación femenina en términos de las diferencias entre mujeres (y no sólo de sus diferencias con respecto a los hombres). Por ejemplo, la conciencia creciente de la medida de las desigualdades sociales entre las mujeres niega la simplicidad de tales argumentos. El feminismo socialista ha demostrado, si acaso, diferencias significativas en las relaciones de las mujeres de clase trabajadora y de las de clase media con las economías capitalistas. Asimismo, han puesto de manifiesto el poder que las últimas ejercen.sobre las primeras. Sin embargo, las teorías de la democracia liberal, las teorías socialistas (sobre todo las de la educación y de la reproducción social) no sólo han tendido a reforzar la distinción entre las esferas pública y privada, sino que han fracasado a la hora de definir lo que significa la participación democrática en el hogar. Como indica Jagger,[Nota 45] las feministas socialistas sólo ofrecen una respuesta confusa a la cuestión de la democracia en el hogar. La lógica de su postura supone que, si el control democrático de la economía es esencial, también será esencial tener un control democrático sobre la reproducción biológica. En este contexto, las feministas socialistas defienden el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, pero también, de forma un tanto contradictoria, la necesidad del control de la comunidad sobre la reproducción biológica, en nombre del bien común. Si éste hubiera de ser el objetivo, ¿en qué consistiría la enseñanza de la educación sexual?, ¿en la coerción pública del derecho individual de la mujer a tener hijos?

En general, la perspectiva socialista sobre la educación para la democracia no se ha ocupado de estos espinosos problemas. La imagen de una educación democrática radical solía llevar consigo la celebración de la conciencia radical a través de una pedagogía curricular y crítica alternativa. El origen de esa radicalización estaba, por regla general, en las formas de conocimiento y en los valores culturales de las clases trabajadoras industriales masculinas. Esas estrategias radicales se detenían antes de cuestionar el predominio masculino en la esfera privada. Era difícil que el predominio de la cultura burguesa masculina señalada por teóricos franceses como Bourdieu y Passeron,[Nota 46] fuera reemplazada por una cultura feminizada, como tampoco los "maestros críticos" cuestionarían necesariamente las formas de autoridad masculina que respaldaban aquella cultura. En realidad, a la luz de a versión de la democracia participativa desarrollada por Left, parece difícil que se cuestionen las formas de subjetividad y las relaciones personales que apoyan la marginalidad de la mujer.

Puede decirse que las feministas socialistas tampoco consiguieron elaborar un concepto liberador de la educación democrática. Jagger dice que se centró la atención de manera demasiado estricta en las relaciones adultas entre hombre y mujer, otorgando muy poca importancia a los derechos de los niños. Al tratar el tema de la igualdad, se ha pasado por alto la cuestión del derecho de los niños a participar en las decisiones que les afectan. En efecto, es rara la iniciativa basada en la escuela que incluya a los niños en todas las etapas de la elaboración de normas igualitarias. En la mayoría de los casos, es la maestra feminista radicalizada quien actúa como agente de cambio, en nombre de la igualdad sexual.

No obstante, las feministas socialistas examinaban cualquier análisis que partiera del supuesto de la categoría unitaria de "mujer". Sus análisis, con las críticas feministas negras con ellos relacionadas, demostraron las relaciones de explotación y opresión que existían entre mujeres. Cada vez más, los estudiosos universitarios fueron cayendo en la cuenta de la necesidad de describir distintas formas de feminidad, discursos que reflejan diferentes posturas de mujeres y estructuras diferentes en las que se encuadran las diversas clases de mujeres. A principios de los años ochenta, la diferencia de género estaba claramente sobre el tapete.


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