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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano-Otoño 1996

I. Espacios de la cultura: el pluralismo


La democracia necesita un determinado tipo de cultura capaz de relacionarse con los valores y los ideales que persigue dicha forma de gobierno, pero también y al mismo tiempo, tal cultura debe aprender a convivir y dar sustento a este orden político fundado en el pluralismo. Hablar de cultura laica y democracia nos remite a un importante binomio que es característico de las sociedades contemporáneas. Recordemos que la democracia representa una forma de gobierno que se lleva a cabo a través de específicas "reglas del juego" y que considera la participación de los distintos grupos con miras a alcanzar determinados fines, como es el bien común, dentro de un marco de tolerancia entre las diferentes interpretaciones. Es en este sentido que cultura laica y democracia se relacionan y por lo tanto puede decirse que ambas resultan complementarias, es decir, tanto la cultura laica necesita de la democracia para poder subsistir, como la democracia requiere de las distintas expresiones de la cultura para elaborar la diferencia que produce el pluralismo. La cultura laica representa, en este sentido, un ámbito regulativo de posiciones divergentes que conviven entre si dentro de un espacio pluralista. Pero no debemos olvidar que, por el otro lado, la cultura laica también representa un "método" eficaz para asegurar la no proliferación de expresiones totalizantes en relación con los propios valores e ideales, lo que coincide con la "parcialidad" de la propia visión de las cosas. [Nota 2] Estos dos ámbitos de la cultura laica tienen su origen histórico dentro del concepto más general de cultura. Tengamos presente que si bien la concepción de cultura ha asumido históricamente diversas definiciones y que por lo tanto ha involucrado diversos valores, la acepción clásica, por su parte, nos remite al proceso de educación y desarrollo del ser humano en todas sus funciones psicofísicas", formando parte del proceso de civilización, ya que permite que el ser humano se encuentre involucrado en un contexto social en el cual se exaltan, entre otras cosas, las funciones civiles.[Nota 3]

Para los griegos el valor contemplativo de la cultura no excluía el compromiso político que encontraba su máxima expresión en la "Polis" como comunidad organizada. Recordemos que los ideales políticos de la democracia en Atenas, igualdad entre los ciudadanos, libertad -más bien colectiva que individual- respeto por la ley y la justicia, han forjado el pensamiento occidental. En el Renacimiento se acentúa la autonomía de las características humanas y se valoriza el compromiso civil, perdiendo de este modo su carácter aristocrático al proponerse como instrumento de educación y liberación de todos los hombres. En este período se plantea la renovación del hombre no sólo en su individualidad sino también en su vida asociada. La cultura laica durante el Renacimiento se expresó principalmente como un conflicto entre sistemas de valores: el cristiano y el "pagano". En efecto, autores del período, como Maquiavelo, Giordano Bruno y Campanella se niegan a lo que consideran la verdad única de la cultura cristiana".

Otro antecedente histórico fundamental en el proceso de laicización de la cultura lo encontrarnos durante la Ilustración. Aquí la cultura laica se oponía a un sistema unitario y orgánico representado por el absolutismo y por lo tanto exalta la idea del progreso en donde el hombre, con el uso de la razón, está preparado para luchar contra los prejuicios tradicionales, erigiéndose en guía de la vida social. Recordemos que la Ilustración encarnó un cambio radical en términos intelectuales destinado a caracterizar en profundidad la historia moderna de Occidente y que consiste sobre todo, en un específico modo de relacionarse con la razón.

Aunque en este contexto histórico es más apropiado hablar de espíritu laico que de cultura laica, al que es posible identificar en su combate contra el clericalismo, el confesionalismo e incluso el ateísmo en cuanto sistema absoluto. En realidad el espíritu laico se opone a las rígidas concepciones del mundo de carácter dogmático, que se caracterizan por la manera sectaria con que tratan de imponer sus ideas. El espíritu laico ha producido una de las más grandes conquistas del mundo moderno: la tolerancia religiosa de la cual emergió la tolerancia de las ideas y por último la tolerancia de las opiniones políticas.[Nota 4] De esta forma el espíritu laico ha permeado al conjunto de la sociedad moderna y civil. Le hacen homenaje las cartas de los derechos humanos que constituyen la base irrenunciable de los Estados democráticos. El espíritu laico no es una nueva cultura sino que es más bien la condición para la convivencia de todas las posibles culturas.

Durante el siglo XX encontramos múltiples definiciones. acerca de la cultura. A lo largo de este período, se ha preferido utilizar el término cultura laica en relación con el de espíritu laico. Nos interesa resaltar no tanto las concepciones que exasperan los contrastes, sino aquellas perspectivas en las que se reivindica una relativa autonomía para la cultura. Dicho de otra forma, se privilegia una interpretación -no mecánica ni pasiva- que ve en la cultura un proceso con una dinámica propia y que por lo tanto se vincula con las tareas civiles de la sociedad a través de la difusión del saber. De este modo la cultura puede ser entendida como un conjunto de comportamientos individuales que dan vida a las estructuras y a las instituciones sociales dentro de un pluralismo multiforme donde cada uno "cree" en formas diversas e irrepetibles. En este sentido, la pluralidad, la diferencia y la parcialidad "enriquecen nuestra mirada sobre el mundo, nos ofrecen respuestas en sentido múltiple ( ... ) es la acción cotidiana de la cultura [Nota 5] De ahí la importancia de que la cultura no sea adjetivada o instrumentalizada por la política.

Desde esta perspectiva la cultura no debe ser entendida como un cuerpo homogéneo sino como pluralidad de formas culturales que se distinguen sobre bases regionales y sociales. Por lo tanto la cultura constituye un patrimonio intelectual y material, heterogéneo pero integrado, duradero y sujeto a continuas transformaciones, con un ritmo variable según la naturaleza de sus elementos y la época histórica. La cultura provoca una realidad con diferentes tonalidades y matices que expresan divergencias en su interior y no puede ser considerada como una estructura inmutable en cada tiempo y lugar, dado que se encuentra en continuo movimiento. Esta concepción de la cultura que promueve el pluralismo de las perspectivas es la más compatible con la democracia necesaria en los tiempos que corren.[Nota 6]


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