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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano-Otoño 1996

II. La cultura laica hoy


En la época contemporánea existe la idea de que la cultura laica se encuentra en una posición intermedia entre aquellas culturas que tratan de monopolizar el saber. Esta herencia valorativa ha sido asumida por la democracia en un grado tal que en estos momentos de profundos cambios culturales, sociales y políticos resulta un ejercicio saludable para la misma democracia la formulación de algunos interrogantes, tales como: ¿qué significa la cultura laica en las sociedades contemporáneas?; ¿qué función ejercita la cultura cuando es concebida como una expresión del pluralismo sobre todo en momentos en que imperan fuertes contradicciones tanto en la política como en la cultura?; y finalmente, ¿puede la cultura laica ser considerada un elemento útil para caracterizar a las modernas democracias? Analizar estos interrogantes en los tiempos que corren nos obliga a una breve revisión terminológica que permita ilustrar su importancia en la construcción de la sociedad democrática. Resulta necesario, en primer lugar, referirnos al análisis de los diferentes espacios de la cultura laica, a los usos que se le han dado, así como a las diferentes simbologías que representa.

Por la complejidad de los problemas es necesario reconocer que aún permanecen muchas temáticas sin solución en el tintero del fin de siglo. Quizá la cuestión más importante hoy sea la discusión en torno al hecho de si es aún vigente pronunciarse a favor de la construcción de una cultura laica o si esto sólo constituye una cuestión de carácter filosófico que no puede ser aplicada a la realidad concreta. En segundo lugar es importante referimos a las dimensiones que encama el concepto de democracia. Debemos reconocer que en la democracia, la cultura y la política transitan sobre caminos diferentes y que sólo en algunas ocasiones se encuentran.

Sostenemos que en una sociedad libre tanto la cultura como la política deben tener su propia autonomía. Cuando se hace referencia a la distinción entre la esfera de la cultura y la esfera de la política, se resalta la convicción de que para el pensamiento laico la política y cultura no coinciden. Aún y cuando cada forma de cultura pudiera tener un proyecto político, éste siempre tendrá tiempos y modos diferentes de los de un programa estrictamente político que debe resolver los problemas día con día. Recordemos que cuando la cultura adquiere un carácter laico, se opone a uno doctrinal o dogmático, es decir, a la rigidez propia de la ortodoxia. Se ha sostenido que la cultura laica tiene que ver con la diversidad. Es una posición intermedia entre concepciones totalizantes, que se contrapone al monismo de los valores, y por lo tanto a aquellas concepciones que colocan los valores en un orden jerárquico.

Debemos resaltar que las principales características de la cultura laica son: la distinción entre las esferas de la política y la cultura, la autodeterminación, la independencia y el ejercicio de la crítica, la mediación de los conflictos, la no ideologización y la tolerancia. En consecuencia la cultura laica representa una especie de "condición mínima para la convivencia libre entre subjetividades.[Nota 7] En esta perspectiva, tal tipo de cultura no tiene que ver con la de un sistema cerrado de ideas que contiene principios definidos una vez y para siempre.[Nota 8] El término laico constituye un punto de referencia para la colaboración entre fuerzas colectivas, entre comunes posiciones ideales y tradiciones culturales. En efecto, la cultura laica posee un carácter dinámico que le permite renovarse y modificarse constantemente, producto de la relación entre los distintos sistemas de ideas y valores. Por este motivo no puede ser tomada en consideración como fuerza política. La laicicidad establece un nexo posible entre moral y política, como sistema ético y sistema de poder, que intercambian en una libre comunicación de significados. Extendiendo la pluralidad de posiciones se puede lograr una libre maduración de la conciencia. La laicicidad expresa sobre todo un método que se cristaliza en el diálogo para tratar de encontrar los puntos de acuerdo y desacuerdo de aquello que distingue a las partes.[Nota 9]


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